Mundos de expiaciones y de pruebas

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¿Qué podría deciros de los mundos de expiaciones, que vosotros no sepáis ya, puesto que os basta con considerar la Tierra en que habitáis?

La superioridad de la inteligencia, presente en un gran número de sus habitantes, indica que la Tierra no es un mundo primitivo, destinado a la encarnación de Espíritus recién salidos de las manos del Creador.

Las cualidades innatas, de las que esos Espíritus son portadores, ofrecen la prueba de que ya han vivido y de que han realizado un cierto progreso.

No obstante, al mismo tiempo, los numerosos vicios a los que se inclinan son indicio de una considerable imperfección moral.

Por esa razón, Dios los ha colocado en un mundo ingrato, para que en él expíen sus faltas mediante un trabajo penoso y sufriendo las miserias de la vida, hasta que sean merecedores de ir a un mundo más feliz.

Sin embargo, no todos los Espíritus encarnados en la Tierra son enviados allí en proceso de expiación.

Las razas que vosotros llamáis salvajes son Espíritus recién salidos de la infancia, y que están en ese mundo, por decirlo así, para educarse y desarrollarse mediante el contacto con Espíritus más adelantados.

Luego vienen las razas semicivilizadas, formadas por esos mismos Espíritus en vías de progreso.

Estas son, en cierto modo, las razas indígenas de la Tierra, que se han desarrollado poco a poco al cabo de largos períodos seculares, y algunas de las cuales han alcanzado la perfección intelectual de los pueblos más ilustrados.

En la Tierra, los Espíritus en proceso de expiación son, si podemos expresarlo de este modo, exóticos.

Vivieron ya en otros mundos, de los que han sido excluidos a consecuencia de su obstinación en el mal, y porque eran una causa de perturbación para los buenos.

Fueron relegados, por un tiempo, entre los Espíritus más atrasados, con la misión de hacerlos adelantar, porque llevaban consigo la inteligencia desarrollada y el germen de los conocimientos adquiridos.

Ese es el motivo por el cual los Espíritus castigados se encuentran en el seno de las razas más inteligentes.

También son estas razas las que padecen con más amargura las miserias de la vida, porque en ellas hay más sensibilidad, y porque las contrariedades y los disgustos las afectan más que a las razas primitivas, cuyo sentido moral se encuentra más embotado.

La Tierra nos ofrece, pues, uno de los tipos de los mundos expiatorios, cuyas variedades son infinitas, pero que tienen como carácter común el hecho de servir de lugar de destierro a los Espíritus rebeldes a la ley de Dios.

Allí, esos Espíritus tienen que luchar, a la vez, contra la perversidad de los hombres y contra la inclemencia de la naturaleza, doble trabajo penoso que desarrolla al mismo tiempo las cualidades del corazón y las de la inteligencia.

De ese modo, en su bondad, Dios hace que el castigo redunde en provecho del progreso del Espíritu.

Espíritu San Agustín. París, 1862.

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