La Era Nueva II

      No hay comentarios en La Era Nueva II

Cierto día, Dios, en su caridad inagotable, permitió al hombre que viera cómo la verdad atravesaba las tinieblas.

Ese fue el día del advenimiento de Cristo.

Después de la luz viva, volvieron las tinieblas.

Después de las alternativas de verdad y oscuridad, el mundo se perdía de nuevo.

Ahora, los Espíritus, semejantes a los profetas del Antiguo Testamento, se ponen a hablar y a advertiros.

El mundo está conmovido en sus cimientos.

El trueno rugirá. ¡Estad firmes!

El espiritismo es de carácter divino, pues se basa en las leyes mismas de la naturaleza, y creed que todo lo que es de carácter divino tiene un objetivo importante y útil.

Vuestro mundo se perdía.

La ciencia, desarrollada a expensas de lo que es de naturaleza moral, si bien os conducía al bienestar material, redundaba en provecho del espíritu de las tinieblas.

Vosotros lo sabéis, cristianos, el corazón y el amor deben marchar unidos a la ciencia.

El reino de Cristo, por desgracia, después de dieciocho siglos y a pesar de la sangre de tantos mártires, aún no ha llegado.

Cristianos, volved al Maestro que quiere salvaros.

Todo es fácil para el que cree y ama, pues el amor lo colma de un goce inefable.

Sí, hijos míos, el mundo ha sido conmovido.

Los Espíritus buenos os lo dicen con frecuencia.

Inclinaos ante el viento precursor de la tempestad, a fin de que no os derribe; es decir, estad preparados y no os parezcáis a las vírgenes locas que fueron tomadas desprevenidas a la llegada del esposo.

La revolución que se prepara es más bien moral que material.

Los grandes Espíritus, mensajeros divinos, inspiran la fe para que todos vosotros, obreros ilustrados y ardorosos, hagáis oír vuestra humilde voz.

Porque vosotros sois como granos de arena, pero sin granos de arena no habría montañas.

Así pues, que la expresión “somos pequeños” ya no tenga sentido para vosotros.

A cada uno su misión, a cada uno su trabajo.

¿Acaso no construye la hormiga el edificio de su república?

Y los animálculos imperceptibles, ¿no erigen continentes?

La nueva cruzada ha empezado.

Apóstoles de la paz universal y no de la guerra, san Bernardos modernos, mirad y marchad hacia adelante.

La ley de los mundos es la ley del progreso.

Espíritu Fenelón. Poitiers, 1861.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *