Usted y el Pensamiento. Wilson García.

USTED Y EL PENSAMIENTO
Por Wilson García de su libro “Usted y los Espíritus”, Ediciones CIMA.

Vamos directo al asunto. Parodiando el pensamiento de Descartes, en el 
Discurso del Método, podríamos decir:
USTED ES UN ESPÍRITU, LUEGO PIENSA.

Sí, usted es un espíritu encarnado, esto es, posee un cuerpo físico 
apropiado para vivir en el planeta Tierra. Esta es la principal 
diferencia entre usted y los espíritus, que usted no ve, pero existen 
y viven a su alrededor sin que usted los perciba. El cuerpo físico no 
permite que usted vea a los Espíritus, que converse naturalmente con 
ellos, a menos que usted sea uno de aquellos médiums capaces de ver y 
de oír más allá de los sentidos físicos comunes. Si no lo fuese, usted 
con toda certeza estará viviendo la mayor parte del tiempo sin 
percibir el mundo que existe y se desenvuelve a su regreso, mundo 
éste, ocupado por los Espíritus los cuales ejercen una gran y decisiva 
influencia sobre usted y las demás personas.

Pero, es preciso aclarar, ya de entrada, lo que comprendemos por 
influencia, para que no queden mayores dudas, salvo aquellas que 
naturalmente surgen cuando estamos ante un asunto nuevo, y en cierta 
forma complejo. El término influir puede ser visto a partir de la idea 
que se obtiene con las expresiones: comunicar, inspirar, inculcar, 
entusiasmar y excitar, además de otra que es aquí muy importante: 
participar. Esos seis términos ofrecen una buena medida de aquello que 
el Espiritismo presenta cuando aborda la influencia de
los espíritus sobre los seres humanos. Luego, no se trata de una 
versión antigua para el verbo influir, que admite la idea de alguna 
cosa que fluye hacia dentro de otra. ¡No! Esa idea no correspondería a 
lo que de hecho ocurre, o sea, lo que hay es una interacción entre 
Espíritus y hombres. Más adelante, en el capítulo específico, usted 
podrá observar mejor el asunto.

Volvamos, pues, al punto anterior. No se preocupe, la mayoría de las 
personas no posee la capacidad de percibir ese otro mundo, ni la 
influencia que todos reciben de los espíritus. Hay, incluso, una buena 
porción de personas que ni siquiera cree que esos espíritus existen. 
Pero vamos a partir de este principio: usted y yo creemos en aquello 
que el Espiritismo enseña, que el hombre está formado por tres 
elementos básicos: el cuerpo físico, el periespíritu y el Espíritu. 
Nosotros ya sabemos que el cuerpo carnal es el vehículo ocupado 
momentáneamente por el Espíritu, para vivir en la Tierra; mientras que 
el periespíritu es una especie de intermediario entre el cuerpo físico 
y el Espíritu. Siendo así, un ser humano de cualquier raza está 
formado por Espíritu, periespíritu y cuerpo carnal.

Curiosamente, el espíritu no puede actuar sobre el cuerpo carnal sin 
el periespíritu, de ahí, por tanto, la necesidad que posee de él para 
encarnar en la Tierra. Cuando el cuerpo muere, el Espíritu se libera, 
cambia de dimensión y lleva consigo el periespíritu, que lo acompañará 
siempre, porque será con él que se presentará y será identificado. Así 
ocurrió para nosotros, encarnados, aquello que todos conocemos como 
muerte y que como espíritas, llamamos desencarnación.

Como se ve, provisto del periespíritu, el Espíritu reencarna en la 
Tierra o en cualquier otro planeta habitado y vive, también, fuera del 
cuerpo físico. Si no fuese por el periespíritu (que no pasa de ser un 
cuerpo muy parecido al nuestro, en la Tierra, pero invisible a 
nuestros ojos carnales) el Espíritu no tendría la movilidad y la 
capacidad para influir e interferir en la sociedad terrena.

Retornemos ahora al inicio del capítulo. Decíamos que usted es un 
espíritu, luego piensa, parafraseando a Descartes que dijo en su 
Discurso del Método: “Pienso, luego existo”. Acuérdese de que eso es 
muy importante para lo que vamos a estudiar. A1 pensar, usted moviliza 
la vida existente a su vuelta, creándola y recreándola. Sin 
percibirlo, su pensamiento actúa sobre la energía que existe en estado 
natural y transfiere hacia esa energía una cualidad que ella no tenía 
antes de sufrir la acción de su pensamiento. Vea lo importante que es 
esto:

HAY EN TORNO DE NOSOTROS UNA ENERGÍA, QUE NO POSEE CUALIDAD, O SEA, 
QUE NO ES BUENA NI MALA, PESADA O LIVIANA, DENSA O SUTIL, EN SU ESTADO 
NATURAL.

Sin embargo, cuando usted piensa, esa energía se moviliza y asume la 
cualidad de su pensamiento, en una transferencia automática. Entonces, 
de acuerdo con el pensamiento, la energía se torna buena o perversa. 

¿Cómo ocurre esto? Simple: si usted de repente se acuerda de una 
persona a quien le desea el bien e inmediatamente comienza a emitir 
hacia esa persona buenos pensamientos, usted está haciendo que esa 
energía asuma esa condición, esto es, se torne una energía impregnada 
de buenas cualidades. El reverso de la medalla también existe, o sea, 
usted hará que la energía sea ruin, pesada, mala, si piensa en alguien 
que le desagrada y fija ese pensamiento. La energía a su vuelta será 
movilizada con estos malos pensamientos y asumirá esa cualidad. En el 
primer caso, la energía podrá tornarse un bien para la persona, en el 
segundo, podrá ser perjudicial, esto es, podrá provocar males a quien 
fuese destinada.

Por increíble que parezca, el hombre todavía no se conoce a sí mismo 
ni al mundo que le rodea y por eso deja de mejorar las cosas o termina 
haciéndolas peores por el simple hecho de pensar impulsivamente, bajo 
el dominio de las emociones o influenciado por ideas o intereses 
diversos. Cuando el hombre domine ese conocimiento, descubrirá que 
muchas cosas pueden ser hechas o modificadas por él mismo y con 
procesos más simples de lo que se imagina.

Vea este ejemplo: el dinero, creado para facilitar los intercambios en 
una sociedad, no posee cualidad, pues no es bueno ni malo en principio.
Todo depende de la forma como sea utilizado. Cuando se emplea para 
atender una necesidad, el dinero se torna cualitativamente bueno, 
pero, cuando es utilizado para la satisfacción pura y simple del 
egoísmo humano, adquiere una cualidad negativa, y es de ahí que se 
dice que mucho dinero puede traer la infelicidad. Así, también, es con 
la energía.

Las enseñanzas cristianas, a las cuales el Espiritismo está ligado de 
forma definitiva, en el decir del Codificador Allan Kardec, nos dan 
ejemplos muy interesantes de eso. Cristo decía que todo pecado nacía 
en el pensamiento cuando afirmaba: “cualquiera que mirase a una mujer 
con intención impura, en su corazón ya adulteró con ella”. El núcleo 
de la cuestión está en la expresión “intención impura”, o sea, todo 
nace en el pensamiento, representado en esta frase de Cristo por el 
corazón. Así, el corazón es el órgano de la vida física que en la 
frase de Jesús asume una función apenas simbólica. Por tanto, el 
adulterio estaría concretizándose en cierta medida a partir del deseo. 
La acción, entonces, nace con el pensamiento, cuando la persona pasa a 
formular algo que contraría o se ajusta a las leyes naturales que 
gobiernan el mundo.

Esa postura cristiana, olvidada de la mayoría y hasta de las iglesias, 
salvo en raras y felices excepciones, es de fundamental importancia, y 
recibe del Espiritismo una explicación completa y clara, envolviendo 
la filosofía y la ciencia. Sabemos ahora, que el pensamiento no es una 
cosa inerte, y que por el contrario, él está en el inicio de cualquier 
acción, tiene fuerza, poder y actúa sobre la materia o la energía, 
desencadenando una serie de consecuencias, como veremos más adelante.

Cuando llegué a Sáo Paulo y me hice espírita, en 1970, dejé en Minas 
Gerais, más precisamente en la ciudad en que vivía, dos personas de 
las cuales no gustaba y que, también, ellas no gustaban de mí. Había 
entre nosotros una gran animosidad, motivada por fuertes 
desavenencias. Pues bien, al hacerme espírita tomé conocimiento de la 
fuerza del pensamiento y de su acción sobre la energía, factores que, 
aliados a la verdad moral, me llevaron a participar en reuniones 
llamadas de vibraciones en la Federación Espírita del Estado de Sáo 
Paulo. En esos momentos, yo pensaba en aquellos dos individuos, con la 
intención de eliminar la animosidad. Seis meses después del inicio de 
esas vibraciones regresé a mi ciudad y, para gran sorpresa mía, 
aquellos que eran mis enemigos no pensaban más de la misma forma. Se 
habían extinguido por completo los sentimientos que nos llevaron al 
desentendimiento en el pasado y que, alimentados por pensamientos 
permanentes de venganza, nos impedían convivir como seres humanos. 
Ellos no se hicieron mis verdaderos amigos inmediatamente, pero, por 
lo menos, ya no me querían destruir.

SI USTED DE REPENTE SE ACUERDA DE UNA PERSONA A QUIEN DESEA EL BIEN, 
INMEDIATAMENIE COMIENZA A EMITIR BUENOS PENSAMIENTOS A FAVOR DE ESA 
PERSONA.

Esa experiencia, junto a tantas otras que pude vivir a lo largo de los 
años, me demostraron con claridad la importancia del pensamiento. Para 
no alargar más este capítulo, contaré apenas otra que me ocurría 
espontáneamente, pero que fue objeto de experimentación consciente por 
mí. A fines de 1970, ya participando activamente en el Espiritismo, 
compartía con tres amigos dos cuartos de una residencia particular. 
Los fines de semana me quedaba solo en la casa ya que los tres 
viajaban puntualmente hacia Presidente Prudente, donde residían sus 
familias. El matrimonio que era propietario de la residencia, salía 
para visitar amigos y familiares. Concentrado en mis estudios, comencé 
a percibir, las tardes de los domingos, cuando alguien se aproximaba a 
la casa. Más que eso, yo era capaz de acertar, con verdadera 
precisión, quien se estaba acercando. Cuando el timbre sonaba yo decía 
para mí mismo: es Rubens. Otras veces era Aldrovaldo, cuando no era 
Nelson. Y por lo que recuerdo, jamás me equivoqué. Era como si una 
onda mental, proveniente de la persona en dirección a la residencia, 
fuese captada por mí, al punto que me hacía saber quien era la persona 
que se aproximaba. Muchas veces, la persona llegaba inmediatamente 
después de yo haber captado su pensamiento; otras veces, ella demoraba 
un poco más. Es importante destacar lo siguiente: los tres amigos de 
Presidente Prudente no siempre regresaban el domingo en la tarde y 
casi nunca viajaban juntos. Era normal que regresasen el lunes 
temprano. Uno u otro, ocasionalmente, lo hacía el domingo en la noche.

Pues bien, lo que nos importa aquí es el pensamiento, su acción sobre 
la energía y las consecuencias de eso. Es bueno que el lector sepa que 
en el Espiritismo se denomina fluidos a la energía y la designa con 
ese nombre. Es así como Allan Kardec, el Codificador, afirma que:

“SIENDO LOS FLUIDOS EL VEHÍCULO DEL PENSAMIENTO, ÉSTE ACTÚA SOBRE 
AQUELLOS COMO EL SONIDO LO HACE SOBRE EL AIRE. LOS FLUIDOS TRASMITEN 
EL PENSAMIENTO COMO EL AIRE LO HACE CON LOS SONIDOS”

He ahí cosas importantes. El aire es el conductor del sonido, así como 
los fluidos son los conductores del pensamiento, en la información 
recogida por el Codificador. Entonces, cuando emitimos un pensamiento, 
éste actúa sobre los fluidos y los fluidos pasan a ser su conductor. 
Kardec va mas lejos al afirmar que 

“EN TALES FLUIDOS HAY ONDAS Y RAYOS DE PENSAMIENTOS, QUE SE CRUZAN SIN 
CONFUNDIRSE, COMO HAY EN EL AIRE ONDAS Y RAYOS SONOROS”.

Pero aquí hay cosas más curiosas todavía. En su falta de conocimiento, 
la mayoría de los mortales ni siquiera imagina lo que pasa consigo y 
la vida que existe a su alrededor. Vea, lector, otro aspecto curioso:

“EL PENSAMIENTO CREA IMÁGENES FLUÍDICAS QUE SE REFLEJAN EN LA 
ENVOLTURA PERIESPIRITUAL COMO EN UN ESPEJO; ALLÍ TOMAN CUERPO Y SE 
PODRÍA DECIR QUE SON FOTOGRAFIADAS”. 

Son afirmaciones de Allan Kardec. O sea, cuando usted piensa, su 
pensamiento no es visto por los mortales, en circunstancias normales; 
pero se fija en aquel cuerpo intermediario que usted tiene, llamado 
periespíritu, de forma tal que puede ser visto por los Espíritus que 
estén cerca de usted. Hay, por lo menos, dos clases de Espíritus 
capaces de “leer” su pensamiento: los Espíritus que nosotros llamamos 
evolucionados y los Espíritus comunes. Los evolucionados pueden saber 
lo que usted está pensando en el momento exacto de la formulación de 
su pensamiento y los Espíritus comunes pueden saber lo que usted está 
pensando por las imágenes fluídicas impresas en su periespíritu. El 
buen sentido nos dice que hay otras maneras de que se produzca esa 
percepción más allá de esas dos, pero la distinción de la forma por la 
cual el Espíritu superior y el inferior perciben el pensamiento que 
formulamos, sirve para que podamos evaluar de alguna manera el proceso 
comunicativo que se realiza diariamente entre los seres encarnados y 
los desencarnados.

Esto nos lleva a una serie de observaciones interesantes. Por ejemplo, 
usted puede estar elaborando determinados pensamientos e imaginando 
que nadie los percibe, pero los Espíritus pueden verlos con toda 
claridad. Por lo tanto, usted puede engañar a todas las personas 
encarnadas, pero no engaña a los Espíritus. En una oración, usted pide 
algún tipo de auxilio y lo hace con palabras bonitas, pero los 
Espíritus podrían percibir que usted está siendo falso, pidiendo con 
humildad apenas de la boca para fuera, como se dice en la expresión 
popular; y ellos, que podrían ser los intermediarios entre usted y 
Dios, dejan de hacerlo en atención a su falta de sinceridad.

Lo contrario también es verdadero: una persona que no sabe hablar 
bonito puede hacer una oración simple y obtener el apoyo de los 
Espíritus, que ven en ella la sinceridad de su pensamiento. Observe, 
lector, como la cosa es muy seria. Hoy, con el Espiritismo, nadie más 
se puede engañar o engañar a los demás impunemente. Antiguamente, 
nuestras viejas religiones nos impulsaban a realizar actos exteriores 
diciéndonos que gracias a ellos ganaríamos el “reino de los cielos” y 
las bondades de Dios. Ilusión. Continuaremos en la Tierra, como 
Espíritus en evolución, y, lo que es peor, pagando errores pasados y 
asumiendo la necesidad de construir el futuro. Cristo, con toda 
sabiduría, decía, hace dos mil años: “Y, orando, no uséis de vanas 
repeticiones, como los gentiles, quienes presumen que por lo mucho que 
hablan serán oídos. Dios, vuestro Padre, sabe de lo que tenéis 
necesidad antes de que lo pidáis”. El Espiritismo agrega a eso, la 
participación de los Espíritus, su función de intermediarios entre 
Dios y nosotros, aclarando cómo es la participación del pensamiento y 
su acción sobre los fluidos.

Por lo tanto, en todas las acciones del ser humano, debemos tomar en 
consideración esos conocimientos nuevos, en lo que ellos importan para 
nuestra felicidad. Es cierto que en el futuro, los hombres en la 
Tierra tendrán cuerpos mucho más avanzados, de tal modo que su 
pensamiento será “visto” por todos. Actualmente, sin embargo, pocos y 
raros son capaces de leer nuestro pensamiento, lo que lleva a muchas 
personas a engañarse unas a las otras, imaginando que no serán 
descubiertas. El Espiritismo muestra el error en que ellas se 
encuentran. Pueden engañar, sí, a otras personas, pero están siendo 
vistas por los Espíritus y su error no se apaga con el pasar del 
tiempo, por el contrario, entra al archivo de la Justicia Espiritual, 
a fin de ser corregido en el futuro. El engaño, por lo tanto, es 
altamente perjudicial para la persona que actúa mal.

Como afirmamos antes
“LOS FLUIDOS NO POSEEN CUALIDADES SUI GENERIS, SINO LAS QUE ADQUIEREN 
EN EL MEDIO DONDE SON ELABORADOS”. 

Esa afirmación del Codificador esclarece y refuerza la importancia de 
vivir conforme a la verdad. A1 tomar conocimiento de esos hechos, la 
persona verifica que su responsabilidad ante la sociedad es mucho 
mayor de lo que imaginaba antes. Si a su pensamiento se deben los 
buenos y los malos fluidos, ella verifica que eso puede ocurrir donde 
quiera que esté: en el hogar, en el ómnibus, en la escuela, en el 
teatro, en el bar, en la empresa en que trabaja, en el club, etc. Las 
personas se reúnen y dan al ambiente la cualidad según el pensamiento 
general de ellas. Si la reunión tiene objetivos positivos el ambiente 
se impregnará de buenos fluidos, de lo contrario, si el deseo o la 
intención preponderante en los presentes fuesen negativos, el ambiente 
reflejará eso en los fluidos locales, movilizados y cualificados por 
la sumatoria de los pensamientos.

En refuerzo de eso, Kardec afirma que:
“EL PENSAMIENTO DEL ESPÍRITU ENCARNADO ACTÚA SOBRE LOS FLUIDOS 
ESPIRITUALES COMO EL PENSAMIENTO DE LOS ESPÍRITUS DESENCARNADOS; SE 
TRASMITE DE ESPÍRITU A ESPÍRITU POR LA MISMA VÍA Y SEGÚN SEA BUENO O 
MALO, SANEA O CORROMPE LOS FLUIDOS CIRCUNDANTES”. 

Así, en su casa, por ejemplo, si un desacuerdo explota, hará pesado el 
ambiente exactamente porque alimentará los fluidos del pensamiento de 
los que allí se encuentran, haciéndose más difícil todavía la 
armonización. Si las personas supieran de eso y estuvieran dispuestas 
a equilibrar el ambiente familiar, se esforzarían en disminuir el 
desentendimiento y, en consecuencia, en mejorar los “aires” de la 
casa. Esto se consigue a través del esfuerzo de los presentes, pues, 
la voluntad, el deseo de modificar la situación será suficiente para 
lograrlo. De lo contrario, no habiendo esa voluntad, la situación será 
mantenida y una tercera persona que llegue a esa residencia, con 
facilidad notará los “malos aires”. Todos nosotros hemos tenido 
experiencia de eso alguna vez, o sea, ya fuimos a algún lugar donde 
notamos un cierto desencuentro sin que hayamos participado en él, o 
bien ya frecuentamos determinados sitios donde no nos sentíamos bien, 
sin que sepamos las razones del malestar.

Dos personas que, en determinado momento, comienzan a hablar mal de 
una tercera, estarán no solamente viciando los fluidos con su 
pensamiento, sino también, enviando esos mismos fluidos a esa tercera 
persona, pudiendo ocasionarle perjuicios diversos, como más adelante 
veremos. De la misma forma, cuando la conversación de dos personas 
sobre una tercera se da en el plano del entendimiento, de la voluntad 
de ayudar, los fluidos adquieren esa cualidad y toman el rumbo de la 
persona de quien se habla, pudiendo auxiliarla con toda seguridad. En 
ambos casos, las personas que se hacen agentes del mal o del bien 
terminan involucradas responsablemente en los acontecimientos, de 
manera que recibirán de retorno aquello que trasmiten y, más que todo, 
tendrán el privilegio o la insatisfacción de convivir con los buenos o 
los malos fluidos, conforme fueran sus pensamientos.

Como se ve, muchas deducciones pueden extraerse de la acción del 
pensamiento sobre los fluidos. Por lo general aquello que llaman “mal 
de ojo” no es más que la acción del pensamiento de una persona sobre 
los fluidos. Quien pone en práctica el “mal de ojo”, actúa, más o 
menos, de la siguiente forma: al dirigir su mirada sobre el otro, le 
envía en verdad su pensamiento y con éste las energías propias, de 
igual cualidad, las cuales tenderán a ocasionar algún tipo de reacción 
en aquel que está siendo objeto de ese procedimiento. No siempre, por 
cierto, el daño se produce. Pero, cuando sucede, se da por seguro que 
hubo por parte de la persona alcanzada alguna receptividad, esto es, 
ella se habría colocado en actitud receptiva respecto del pensamiento 
de la primera, terminando por ser alcanzada por fluidos perjudiciales, 
manoseados, por así decirlo, por el pensamiento de la primera. Por lo 
tanto, el “mal de ojo”, ahí, no es más que un elemento que ayuda a 
concentrar el pensamiento, o sea, la persona que desea perjudicar a 
otra concentra su mirada sobre ella y la mantiene firme. Los fluidos 
que conducen este pensamiento son los que acaban perjudicando a la 
otra. En el próximo capítulo, usted verá que, además de las energías 
que el pensamiento produce, hay otro elemento a ser considerado: la 
posible participación de Espíritus en el proceso, influenciando de 
diversas maneras y contribuyendo para el “éxito” del “mal de ojo”.

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, podemos decir que las 
personas construyen los “aires” del local donde viven, o sea, su 
ambiente. Si se complacen en vivir en un medio donde imperan 
pensamientos violentos, ellas los van a elaborar en conjunto con las 
demás personas de allí y que sean de intereses afines. De lo 
contrario, buscarán personas cuyos pensamientos se asemejen al suyo 
para construir un ambiente mejor, más saludable. Las personas que 
siempre alimentan el mismo tipo de pensamiento se habitúan al 
ambiente. Muchas enfermedades, por lo tanto, pueden permanecer 
simplemente porque el ambiente es mantenido en determinado nivel que 
anula la acción de los remedios. Personas que buscan el auxilio del 
pase en el Espiritismo, muchas veces no consiguen resultados positivos 
porque su pensamiento está en sintonía con los fluidos negativos, los 
cuales impiden la acción de los buenos fluidos contenidos en el pase. 
Otras se sienten inmediatamente aliviadas con la simple imposición de 
manos del pasista, teniendo en cuenta que su pensamiento se armoniza 
con los de él.

Como dice Allan Kardec:
“EL PENSAMIENTO PRODUCE UNA ESPECIE DE EFECTO FÍSICO QUE ACTÚA SOBRE 
LO MORAL, Y SÓLO EL ESPIRITISMO CUENTA CON LOS ELEMENTOS NECESARIOS 
PARA EXPLICAR ESTE HECHO”.

Claro, las personas que comprenden eso, pronto perciben que su 
bienestar o malestar está directamente relacionado con sus buenos o 
malos pensamientos, lo que demuestra la necesidad de cultivar las 
virtudes, ya que solamente ellas podrán hacer a esa persona feliz, 
capaz de construir su mundo de paz. Las personas verdaderamente 
virtuosas, aquellas que piensan constantemente en el bien, que jamás 
alimentan pensamientos destructores, que no saben lo que es la 
envidia, egoísmo u orgullo, son las que tienen condiciones de vivir en 
un ambiente permanentemente agradable. Obsérvese una cosa evidente: 
nadie construye para otro ese ambiente. Cada uno de nosotros es 
responsable por él. El Espiritismo demuestra eso con una fuerza muy 
grande, en la seguridad de que este conocimiento modificará la 
humanidad. Cuando las personas se unen para alcanzar determinado 
objetivo, como, por ejemplo, construir un ambiente saludable, ellas 
podrán, con eso, fortalecer la voluntad de aquellos que, siendo más 
débiles, no consiguen sustentar por sí mismos el ideal de equilibrio, 
o no son capaces de impedir que influencias perversas les alcancen. La 
conjunción de buenos pensamientos y, consecuentemente, de buenas 
energías, es una manera de solidarizarse con el prójimo en sus 
necesidades.

Por otro lado, hay que verificar también lo siguiente: a veces, varias 
personas juntas no son suficientes para impedir que un determinado 
ambiente se torne ruin, se contamine con energías de mala calidad, 
debido a la presencia de alguien con ideas nocivas. De ahí la 
sabiduría del dicho popular que afirma que una fruta podrida puede 
dañar a las demás. Todo nos indica la complejidad de la cuestión y 
apunta, por ejemplo, al buen sentido contenido en la expresión “orad y 
vigilad”, la cual, si es bien interpretada, invita a una cierta 
administración del pensamiento, a un determinado control de aquello 
que elaboramos mentalmente y a poner bastante atención al ambiente.

No se trata, evidentemente, como ya ha ocurrido con cierta frecuencia, 
de establecer una vigilancia de tipo fundamentalista sobre el prójimo, 
o mucho menos, de colocarse en actitud de oración pasiva en que 
dejamos el encargo del equilibrio en las manos de los Espíritus o de 
Dios. El razonamiento hasta aquí desarrollado muestra la coherencia de 
asumir un comportamiento activo, en el sentido de percibir la 
extensión de la presencia individual en el contexto de las relaciones 
humanas. Sigamos adelante.

Allan Kardec anota este hecho importante:

“LOS FLUIDOS, EN EL ASPECTO MORAL, LLEVAN IMPRESOS LOS SENTIMIENTOS DE 
ODIO, ENVIDIA, CELOS, ORGULLO, EGOÍSMO, VIOLENCIA, HIPOCRESÍA, BONDAD, 
BENEVOLENCIA, AMOR, CARIDAD Y DULZURA. EN EL ASPECTO FÍSICO SON 
EXCITANTES, TRANQUILIZADORES, PENETRANTES, ASTRINGENTES, IRRITANTES, 
DULCIFICANTES, SOPORÍFEROS, NARCÓTICOS, TÓXICOS, REPARADORES, 
EXPULSORES, Y SE CONVIERTEN EN FUERZA DE TRANSMISIÓN O PROPULSIÓN. EL 
CUADRO DE LOS FLUIDOS SERÁ, PUES, EL DE TODAS LAS PASIONES, VIRTUDES Y 
VICIOS HUMANOS, ASÍ COMO EL DE LAS PROPIEDADES DE LA MATERIA Y LOS 
CORRESPONDIENTES EFECTOS QUE PRODUCEN”.

Vea, lector, cómo una cuestión simple es, al mismo tiempo, profunda. 
De hecho, las cosas simples se tornan complejas y nos engañan. A veces 
pensamos que comprendemos bien una cosa, que esa cosa es simple y 
fácil, y entre tanto, cuando vamos a verificarla, pronto descubrimos 
que nos engañamos. Así fue en todos los tiempos. Así es con el 
Espiritismo. Que nadie se engañe, el Espiritismo es simple y fácil, 
tan fácil que mucha gente buena lo cataloga de doctrina ingenua y 
hasta algunos adeptos aceptan esa idea. La verdad, sin embargo, es que 
los principios espíritas exigen, por encima de todo, voluntad y 
humildad para ser entendidos convenientemente. Humildad para poder 
comprenderlos cada día más y voluntad para poder practicarlos con 
seguridad.

Como dice Kardec, los fluidos “bajo el aspecto moral” se califican 
según los diferentes sentimientos. Ellos pueden tener el peso del odio 
si la persona alimenta el odio en su pensamiento. Pueden tener la 
suavidad del amor si la persona expresa el amor en su pensamiento. O 
sea, conforme usted estuviera pensando, así estará su halo mental. 
Sobre esto, hablaremos pormenorizadamente, más adelante.

Retomemos la idea de la sencillez de las cosas. Pensemos ahora en lo 
siguiente: todo indica que la simplicidad y la complejidad son asuntos 
muy cercanos. Algunos ejemplos, aparentemente banales pueden servir a 
nuestro razonamiento. Veamos. Si, por una circunstancia indeseada, 
usted pisa una cáscara de plátano, se resbala y cae, podrá ser blanco 
de bromas y risas. Alguien, imprudente, exclamará: “¡se cayó de 
maduro!”. Independientemente de su reacción ante ese episodio, un 
detalle llama desde luego la atención: la expresión “cayó de maduro”, 
que aquí funciona como un lugar común, tiene su origen en el hecho de 
que las frutas caen del árbol cuando maduran. La idea objetiva es que, 
al madurar, un mango, por ejemplo, se desprende de la rama a la cual 
estaba ligado y se proyecta en dirección al suelo. Queda claro, 
entonces, que cualquier fruta madura tiende a caer, lo que no deja de 
ser una verdad. Pero, es una verdad hasta cierto punto simbólica. Y, 
si lo quisiéramos, ¡es una casi mentira! La fruta, simplemente, no 
cae, sino que es atraída hacia abajo por la fuerza de gravedad. Si no 
fuera por esa fuerza ella quedaría suspendida en el aire. La idea, por 
lo tanto, de que la fruta cae porque se desprende de la rama es una 
simplificación que no expresa toda la verdad, permitiéndonos decir que 
la expresión “cayó de maduro” es inexacta en la medida en que 
establece una correlación no completamente verdadera. Pues bien, igual 
fenómeno se presenta cuando usted se familiariza con determinada idea. 
La proximidad acostumbra encubrir ciertas realidades y conducir a 
engaños, lo cual ocurre muy frecuentemente con los lugares comunes. 
Llegamos así, al punto que deseábamos: las ideas aparentemente muy 
simples, colocadas por el Espiritismo, piden un cierto raciocinio para 
ser bien asimiladas, ya sea para no causar engaños de interpretación o 
para no ser dejadas de lado como alguna cosa sin profundidad.

Vimos así, cómo el pensamiento y la energía se entrelazan en nuestro 
ambiente. Esto, sin embargo, para ser mejor comprendido exige que se 
analice la participación de los que conviven con nosotros y ahí entra 
también la presencia de los Espíritus, como lo veremos en el próximo 
capítulo.

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