Simplemente Espírita

SIMPLEMENTE ESPÍRITAS
(tema elaborado y expuesto por José Lanzuela en la Asociación Espírita 
de Valencia)

El motivo de haberme decidido a escribir este trabajo ha sido debido a 
que no hace mucho tiempo hemos tenido noticias en nuestra Asociación 
Espírita de Valencia de la existencia de otras corrientes de opinión 
respecto a nuestro modo de entender la ideología espírita, las cuales 
proceden del otro lado del Atlántico y que no son recientes sino que 
tienen una antigüedad de 50 años. 

Al llegar a nuestra asociación con sus propias ideas y planteamientos 
han sembrado un cierto grado de inquietud, inseguridad y división de 
criterios, por tener diferencias sustanciales respecto a las nuestras 
y que hasta ahora considerábamos normales. Este hecho, no solo ha 
ocurrido en nuestra asociación sino también en la mayoría de las demás 
del Estado Español; por ello se impone hacer un estudio crítico-
constructivo para dilucidar las dudas que de este hecho se derivan y 
ver la base real de razón de cada cual.

En estas corrientes de opinión foráneas impera el criterio de 
clasificar las asociaciones espíritas según el tipo de interpretación 
que éstas hacen de la Doctrina divulgada por Kardec. Esta 
clasificación la dividen básicamente en dos tendencias: Espiritismo 
Laico o Espiritismo Religioso. 

Nadie puede ni debe impedir que, según su conciencia y ejerciendo su 
libre albedrío, algún grupo, asociación o federación interprete dichas 
enseñanzas y las convierta en religión, o que, aún sin manifestarse 
abiertamente como religión, su actitud sea claramente religiosa. Pero 
ese respeto por la libertad hacia los criterios de los demás no nos 
obliga a tener que asumirlos quienes no coincidamos con esos 
criterios, sino que cada uno, defendiendo los propios, pueda discrepar 
de los demás.

Obrando así no debería existir un motivo de discordia sobre este tema, 
excepto si consideramos el interés de controlar áreas de influencia, 
pero sin embargo esta se produce cuando algunas asociaciones, haciendo 
un análisis riguroso de lo expuesto en las obras básicas kardecianas y 
actuando en consecuencia, sin complejos y sin pasar “de puntillas” 
sobre algunos aspectos que, por existir puntos de coincidencia con 
postulados o criterios de Iglesias cristianas pudieran ser confundidos 
con actitudes pseudo religiosas.

Existe el criterio en estas corrientes de opinión referenciadas, de 
que la única obra que mereció la consideración de “básica” en las 
publicaciones de Kardec fue El Libro de los Espíritus, ya que contiene 
todas las esencias de la Doctrina y que las restantes son secundarias. 
En este punto no podemos estar totalmente de acuerdo, y nuestra 
consideración sería de complementarias en lugar de secundarias, puesto 
que la parte moral, al estar enmarcada en la de Jesús de Nazaret, 
necesitaba de un mayor grado de concreción y por ello se publicó El 
Evangelio según el Espiritismo donde Kardec nos describió dicha moral 
detalladamente, tal como le fue relatada por los Espíritus Superiores. 

En el capítulo VI, apartados 3 y 4 de El Evangelio según el 
Espiritismo, Kardec escribe sobre El Consolador Prometido y cita en 
ellos al Espíritu de Verdad y al Espíritu Santo como sus comunicantes, 
tal como se pueden encontrar también en el Evangelio de Juan, capítulo 
14: 16 al 26, 15:26 y 16:7, 12 y 13. En ellas se anuncia, que estando 
ya próxima a su realización la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, y 
a modo de despedida de sus discípulos les anunció la futura venida de 
un Consolador o Abogado, el cual nos enseñaría todo lo que Él no había 
dicho porque no le hubieran comprendido y nos llevaría también hacia 
la Verdad completa. 

En el mismo capítulo VI Kardec también se refiere a Jesús en los 
mismos apartados denominándole como Cristo en numerosas ocasiones, y 
en el apartado 5 del mismo capítulo habla de Cristianismo y de 
Jesucristo. Se dice que Kardec escribió utilizando estos términos 
porque lo hizo en un entorno básicamente cristiano y el ambiente del 
que estaba rodeado le influyó poderosamente, pero todo no es tan 
simple como parece.

Estas definiciones con las que se asocia a Jesús de Nazaret con Cristo 
y por correlación, a sus seguidores como cristianos, así como a su 
Doctrina cristianismo y que tanta polémica ocasiona en el estudio del 
Espiritismo, obliga a hacer un análisis de su significado real.

Cristo viene del latín “Christus” y este del griego “Cristos” que 
significa Ungido, y que tiene el significado de gran dignidad. Si 
analizamos la palabra Mesías, palabra usada por los profetas con mucha 
frecuencia en la Biblia para referirse a Aquel que sería enviado por 
el Dios de los hebreos como salvador espiritual y material de Israel, 
comprobamos que es derivada del latín “messïas” y esta, a su vez de la 
hebrea “ Masïh” que también tiene el significado de “ungido”.

Por lo tanto, cuando nos referimos a Jesús de Nazaret con la palabra 
Cristo, Ungido o Mesías nos estamos refiriendo a la misma persona, y 
todas estas definiciones tienen el significado de personaje provisto 
de gran dignidad.

Si estudiamos la trayectoria del pueblo hebreo veremos que durante una 
gran parte de su historia menos lejana se encontraba frecuentemente 
rodeado de enemigos, en continuas guerras que cuando eran derrotados, 
en multitud de ocasiones les llevaba a la esclavitud, o eran 
sojuzgados al ser ocupado su suelo patrio, como estaba ocurriendo 
cuando nació Jesús que Judea y Samaria estaban ocupadas por los 
romanos, a los que estaban obligados a pagar tributos.

Esto producía un clamor del pueblo hacia su Dios, que en la Biblia 
católica se le nombra como Yahvé y en las protestantes como Jehová, 
pidiéndole les enviara al Salvador ungido que tan repetidamente se les 
había anunciado, y el que, como se ha dicho anteriormente, era 
denominado por ellos en su lengua como Mesías. 

Estas profecías dirigidas al pueblo, eran interpretadas por el mismo 
asociándole a un rey poderoso, lleno de gran dignidad en lo material, 
el cual les libertaría de su esclavitud derrotando a sus enemigos y 
devolviéndoles a su anterior grandeza y esplendor.

También anunciaban los profetas que nacería en Belén y se le pondría 
por nombre “Yehosuá”, que en latín se denomina “Iesus”, que en nuestra 
lengua española se conoce por Jesús y que significa Salvador. Así, al 
extenderse su doctrina moral por el área de dominación romana que 
imperaba en aquel entonces por los pueblos del Mediterráneo, se pasó 
a denominársele como Jesús-Cristo que significaba El Salvador Ungido. 

Como se puede comprobar, la denominación de Mesías en tremendamente 
antiguo y cuando nació Jesús el nazareno, creció y comenzó su vida 
pública de predicación por las tierras que antaño se llamaban Judea y 
Samaria y que hoy se conoce como Israel, impartiendo la Doctrina de 
Amor del que era portador.

Al morir, sus seguidores esparcieron sus enseñanzas, primeramente por 
Grecia y Roma, por lo que se comprende fácilmente que al referirse al 
Señor, que era también otra forma de referirse a Él, se le nominase 
indistintamente como el Mesías si eran judíos, como el Ungido si eran 
griegos o como el Cristo si eran romanos, que como es sabido el latín 
era la lengua de Roma.

Por todo lo expuesto anteriormente se comprende con gran facilidad el 
hecho de que una asociación espírita, que tenga conocimiento de lo 
aquí expuesto, se considere, con razón, cristiana, aceptando todo el 
contenido moral del Espiritismo expuesto en las obras publicadas por 
Kardec y referido a Jesús.

De todos es sabido las guerras tan sangrientas que hubo en el pasado y 
que aún hoy existen entre el mundo cristiano y el musulmán, con los 
excesos que por ambas partes se han cometido y por este motivo se 
abrió un abismo entre ambas religiones. Por ello se hace difícil 
hablarle de espiritismo con orígenes cristianos a alguien que profese 
esas creencias, pero el hecho de negar la cristiandad de los orígenes 
del Espiritismo es falsear la verdad. Pero esto plantea un problema 
muy importante cuando se pretende la propagación universal de la 
Doctrina, que es donde radica uno de los puntos principales del deseo 
de actualizar los postulados espíritas, ocultando dichos orígenes. 

Personalmente creo que en el Plano espiritual tienen recursos 
suficientes para facilitar la expansión de la Doctrina espirita de la 
forma más adecuada para cada pueblo, modificando paulatinamente sus 
creencias, con el nombre que fuera, pero con una base moral 
coincidente con la de Jesús de Nazaret.

En la religión islámica, al tener parte de sus orígenes en el 
cristianismo se cree en las figuras de Adán, Noé, Abraham, Moisés y 
Jesús como profetas menores y especialmente con Mahoma como “su 
profeta”. También tienen otras creencias coincidentes con el 
cristianismo, pero que no son las aceptadas por el espiritismo, por lo 
que no las mencionaremos aquí.

Si el planteamiento con pretensiones universalistas de estas 
corrientes de opinión renovadoras se hace desde la base de la figura 
de Jesús de Nazaret no citando la calificación de Cristo, cristiano o 
cristianismo para hablarle a un musulmán pudiera ser aceptable para 
sus fines como mera táctica apologista, pero sin renegar de sus 
orígenes dentro del mundo cristiano y mucho menos descalificando a 
quienes así lo creen.

En lo que respecta al resto de las religiones con las que no ha habido 
enfrentamientos violentos en el pasado, el problema será mucho menor y 
la posibilidad de expansión aumentará. De todas formas, aunque 
importantes, las creencias son secundarias y lo que importa en el 
fondo es la práctica de la moral que Jesús nos enseñó y practicó 
cuando vino a la tierra.

Deseamos que una vez expuestos estos puntos de vista de forma 
objetiva, no se produzcan falsas interpretaciones o se asocien con 
criterios de religiosidad. Para evitar al máximo esta posibilidad 
aclararemos que aceptamos la declaración que hace de sí mismo y que en 
ningún momento dice Jesús que Él es Dios, sino que es un “enviado” del 
Padre, y que Éste es mayor que Él, lo que repite en estos y otros 
términos similares con cierta frecuencia a lo largo de los relatos 
evangélicos cristianos. Esto nos lleva a reconocer con rotundidad su 
gran elevación moral dentro de la jerarquía celestial, que la hay, 
pero no aceptando su deidad, lo que nos aleja fundamentalmente de las 
creencias de las Iglesias cristianas. 

Los que nos conocen saben que tampoco tenemos dogmas ni los aceptamos, 
ni siquiera jerarquías, pues nos regimos por cargos administrativos 
donde nos agrupamos, sean centros o asociaciones, ni santería ni 
liturgias, pues cuando se actúa con rigor al aplicar las indicaciones 
de Kardec todas estas cosas no existen.

Hay además otro punto de disconformidad desde nuestros puntos de vista 
con los postulados que argumentan en la actualidad estos antes 
referenciados movimientos internacionales renovadores del espiritismo, 
y es la consideración que tenemos hecha de que el Espiritismo es 
la “Tercera Revelación”. Esta consideración que se le hace al 
Espiritismo con bastante frecuencia en ponencias de congresos y 
conferencias en general, no es fruto de la imaginación de nadie ni un 
producto añadido sin base doctrinaria, sino que está claramente 
expuesto en el capítulo I de El Evangelio según el Espiritismo donde 
se considera que la primera revelación la realizó Moisés al legislar 
toda la ley por inspiración divina, y por la que aún hoy en día se 
rige el pueblo de Israel, conocida como la ley mosaica. La segunda 
revelación fue hecha por Jesús de Nazaret, el cual, sin rechazar lo 
dicho anteriormente por Moisés elevó dicha ley a niveles sublimes, no 
solo con la letra sino también con el ejemplo, siendo Él el primer 
cumplidor. 

Sobre la tercera revelación tomamos conciencia de que se produce 
cuando podemos realizar una mirada por todo el recorrido desde el 
comienzo de las manifestaciones masivas de espíritus que se produjeron 
en el siglo XIX hasta nuestros días, y entonces comprendemos con 
claridad que las palabras de Jesús anunciando la venida del Consolador 
o Abogado se referían al contenido de lo que hoy llamamos Doctrina 
Espírita, y que al tardar casi dos milenios en producirse este 
acontecimiento era debido a la necesidad de que se realizasen en la 
humanidad muchas reencarnaciones para mejor poder comprender todos los 
conocimientos que estaban aún sin revelar y los que en el futuro nos 
serán revelados sin duda alguna.

La referencia a que el Espiritismo representa la tercera revelación la 
encontramos también en el capítulo I , puntos 5,6 y 7 del libro antes 
referido, donde se expone el tema con mayor detalle.

Todas estas matizaciones realizadas en este trabajo se hacen para que 
se conozcan con claridad los argumentos en que se basa nuestra 
postura, en contraste con algunos planteamientos innovadores que nos 
llegan recientemente, pero esta discrepancia no debe interpretarse 
como un motivo de enfrentamiento con los que opinan de forma distinta, 
puesto que todos somos espíritas a fin de cuentas. Es más bien un 
motivo de dialogar y contrastar opiniones, pero conociendo antes muy 
bien la base de nuestros propios razonamientos. A partir de ahí, que 
cada uno saque sus propias conclusiones porque el espiritismo es una 
filosofía para libre pensadores.

Para los que practicamos esta filosofía sabemos que la Doctrina 
Espírita de Kardec fue bastante clara al respecto sobre la línea que 
se debía seguir, no solo en los tiempos en que fue descrita, sino para 
los futuros también, exhortando a los adeptos del momento a adaptarse 
a los descubrimientos que pudiera realizar posteriormente la ciencia 
para no caer en el dogmatismo, pero que sepamos, hasta el momento 
presente, la ciencia no ha desmentido nada de lo afirmado 
anteriormente. Solo ha corroborado muchos de los postulados que fueron 
emitidos con anterioridad por los Espíritus Superiores a Kardec, sin 
que haya dejado en evidencia nada del resto o lo contradiga. Otra cosa 
es que hasta la fecha aún no haya encontrado la explicación plausible 
o se pueda demostrar científicamente el resto de lo manifestado por 
los Espíritus y expuesto en los escritos de Kardec.

Por si la utilización de la palabra “Evangelio” pudiera producir algún 
rechazo o recelo a quien lo relacione con religión, diremos que viene 
del latín “evangelïum” y significa “buena nueva o buena noticia” y se 
refiere básicamente al relato de la vida e historia de Jesús de 
Nazaret.

Para terminar haremos un comentario sobre el término “Religión”, el 
cual se entiende como un conjunto de creencias o dogmas acerca de la 
divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas 
morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, 
preceptos y creencias. Como los verdaderos practicantes del 
espiritismo kardeciano no nos identificamos con muchos de estos 
postulados, no nos sentimos religiosos, y no creemos que nadie 
debería, razonablemente, tenernos tampoco en esa consideración.

Extendiéndonos un poco más diremos que el término “Laico” se refiere 
a la escuela o enseñanza en la que se prescinde de la instrucción 
religiosa, así como a la organización que no tiene órdenes clericales. 
Bajo esta definición el espiritismo es laico por naturaleza, pero 
Kardec no necesitó hacer esta aclaración porque se sobreentendía al 
decir que el espiritismo nunca debería convertirse en religión, y por 
ello, los que creemos en sus escritos, nos consideramos simplemente 
espíritas. 

Muchas gracias por vuestra atención.

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