Psicografía: Reflexionando sobre la Mediumnidad

Extraído del libro: “Tormentos de la Obsesión”(*)
Título del original en portugués: “Tormentos da Obsessão”
Autor Espiritual: Manoel Philomeno de Miranda
Médium: Divaldo Pereira Franco
Traducción al español de: Juan Antonio Durante
Editado por LEAL
1ª Edición – 500 ejemplares – 2001
Revisión de la extracción: Isabel Porras González

NOTA: Todo el producto de las ediciones impresas es destinado al 
mantenimiento de la Mansión del Camino, Obra Social del CE Camino de 
la Redención (Salvador-Estado da Bahia-Brasil)

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La mediumnidad es una bendición, bajo cualquier aspecto que sea 
considerada, porque facilita la constatación de la supervivencia 
del Espíritu a la disolución molecular, lo que es fundamental para 
un comportamiento compatible con los factores que generan felicidad. 

Además, brinda valiosas oportunidades para el ejercicio de la 
autoiluminación, por las instrucciones de que el médium se hace 
portador, adoptándolas, inicialmente, para sí mismo, antes que para 
los otros. 

Finalmente, pudiendo ejercer una forma de caridad especial, que es 
la de auxiliar en el esclarecimiento de aquellos que permanecen en 
la ignorancia de su realidad después de la desencarnación, 
granjeando amigos y hermanos excepcionales, que se incorporan a su 
afectividad. 

La mediumnidad, por lo tanto, ejercida con la lógica extraída de la 
Codificación Kardeciana, conquistó un valioso patrimonio para la 
elevación y la paz. El médium, por eso mismo, es el donador 
transitorio de oportunidades sin par para la plenitud no pudiendo 
permitirse las liviandades de utilizar ese noble recurso de manera 
comprometedora, vulgar, insensata. 

Todo aquel que se entregue a desvirtuar su noble finalidad, como 
ocurre con cualquier facultad física o moral, sufrirá las 
inevitables consecuencias de las que no se liberará con facilidad. 
Mientras tanto, es bien reducido el número de aquellos servidores 
que faltan a esas obligaciones felices de ese ministerio, cuando lo 
abrazan.

Sería de pensar que esa concesión no debería ser delegada a aquellos 
que moralmente son débiles, y sí a quien solamente poseyese 
resistencias contra el mal que en él mismo reside. Sin embargo, la 
cuestión no está bien colocada en esos términos. La Divinidad ofrece 
a todos los seres humanos oportunidades fuera de lo común, en las 
más diversas áreas, para propiciarles el progreso moral. 

Con la mediumnidad no ocurre de forma diferente. Pese a que no todos 
los individuos posean facultades ostensivas, que se expresen en 
forma sonambúlica o inconsciente, como desearían muchos, que 
justifican sus dudas por tomar parte en las comunicaciones más o 
menos lúcidas en el área de la conciencia, el fenómeno es bien 
caracterizado, ofreciendo factores para la evaluación equilibrada de 
quien se empeñe en realizarlo. A medida que su ejercicio se vuelve 
armónico, sistemático, ordenado, surgen mejores posibilidades para 
el intercambio, ampliando los recursos del médium, que deberá 
perfeccionarse más, ante el estímulo de que se ve objeto.

Cuando somos portadores de algún sentido y conciencia, todos sabemos 
que las facultades genéticas tienen una finalidad específica, 
proporcionando la procreación, y para ello, ofreciendo el placer que 
conduce al éxtasis. No obstante ese conocimiento, la utilización del 
sexo se transformó en un mercado de sensaciones, sin ningún sentido 
afectivo o de intercambio emocional.

En lo que hace al desempeño mediúmnico, el sexo equilibrado es de 
vital importancia, por brindar energías específicas para potenciar 
los mecanismos delicados de que se valen los Espíritus. 

Simultáneamente, la facultad mediúmnica, en razón de esas energías 
que moviliza, como ocurre con otras facultades artísticas, 
culturales, científicas, irradia un campo vibratorio que proporciona 
bienestar a aquellos que se le acercan, envolviéndolos en 
encantamiento y admiración. Lo mismo se da con relación a la 
mediumnidad, por el hecho de parecer algo mágico o sobrenatural, muy 
del agrado de los sensacionalistas y supersticiosos. 

Como efecto, no son pocas las personas que se siente atraídas por 
los médiums, al principio sin darse cuenta del hecho fascinante, 
terminando por involucrarse emocionalmente en una afectividad 
apasionada, injustificable. Del mismo modo, los Espíritus ociosos y 
perversos, que siempre procuran perturbar a aquellos que se dedican 
al bien, no logrando actuar directamente sobre el instrumento 
mediúmnico, despiertan sentimientos perturbadores que cobran 
frescura en los imprevisores, que se dejan arrebatar, 
comprometiéndose y perjudicando a aquel que cae en su trampa bien 
preparada… Al mismo tiempo, otros factores que generan ganancia, 
herencias infelices del ego sin gobierno, como el dinero fácil, los 
sueños de triunfo y de gloria efímeros, las vanidades infantiles, 
que les dan la impresión de ser individuos privilegiados, que creen 
poseer solamente méritos y ser importantes, son terribles 
adversarios del buen desempeño de la mediumnidad.

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