Psicografía: Liberación (III)

Extraído del libro “Liberación”
Título del original en portugués: “Libertaçao”
Publicado por Instituto de Difusâo Espírita
Derechos de Autor: Federación Espírita Brasileira
Primera edición en castellano – 1988
Autor Espíritual: André Luiz
Médium: Francisco Cândido Xavier
Traducción: Alipio González

(…)
El hombre encarnado vive, simultáneamente, en tres planos 
diferentes, el cuerpo denso de carne, organización periespíritual 
en tipo de materia más enrarecida, y mente, representando tres 
expresiones distintas de base vital, con vistas a los mismos fines. 
El hombre para sustentarse exige, en el cuadro evolutivo, relativa 
seguridad en el campo biológico, alimento de las emociones que le 
son propias, en las esferas de la vida psíquica que se afinan con 
el, y base mental, en el mundo intimo.

La vida es patrimonio de todos, pero, la dirección pertenece a cada 
uno. La inteligencia caída se precipita, despeñadero abajo, 
encontrando siempre, en los círculos inferiores que elige morada, 
millares de vidas inferiores, junto a las cuales es aprovechada, por 
la Sabiduría Celestial, para mayor glorificación de la obra divina. 
En la Economía del Señor, ninguna cosa se pierde y todos los 
recursos son utilizados en la química del Bien infinito.

En todos los cuadros del Universo, somos satélites unos de los 
otros. Los más fuertes arrastran a los más débiles, pero, 
entendiéndose que el más frágil de hoy puede ser la potencia más 
alta de mañana, conforme al aprovechamiento individual. Expedimos 
rayos magnéticos y los recibimos al mismo tiempo. Aquellos que se 
hayan bajo el control de energías, ciegos, acomodándose a los golpes 
y sugestiones de la fuerza tiránica, emitidos por las inteligencias 
perversas que los asedian, se demoran largo tiempo en la condición 
de aparatos receptores de desorden psíquico. Es muy difícil 
reajustar a alguien que no desea reajustarse. La ignorancia y la 
rebeldía son efectivamente la matriz de sofocantes males.

El cuerpo periespiritual es transformable y perecible, aunque esté 
estructurado en una materia más rarefacta. Hay compañeros que se 
deshacen del, rumbo a las esferas sublimes, cuya grandeza por lo 
pronto no nos es dado sondear y hay hermanos que se sometieron a 
operaciones reductibles y desintegradoras de los elementos 
periespirituales, para renacer en la carne terrestre. Los primeros 
son servidores ennoblecidos y gloriosos en el deber cumplido, 
mientras que los segundos son colegas nuestros que ya merecen la 
reencarnación asistida por valores intercesores, pero tanto como 
ocurre a los compañeros respetables de esos dos tipos, los 
ignorantes y los malos los desviados y los criminales pierden 
también, un día, la forma periespiritual. 

Por la densidad de la mente, saturada de impulsos inferiores, no 
consiguen elevarse y gravitan alrededor de las pasiones absorbentes 
que, por muchos años, eligieron como centro de intereses 
fundamentales. Muchos de ellos, sobre todo los participantes en 
condenables delitos, se imantan a los que se asociaron en los 
crímenes. Si el discípulo de Jesús se mantiene ligado a Él, a través 
de imponderables hilos de amor, inspiración y reconocimiento, los 
pupilos del odio y de la perversidad se demoran ceñidos, bajo la 
orientación de las inteligencias que los entrelazan en la red del 
mal. Los que sirven al Señor, han de enriquecer la mente, de esos 
extraviados con conocimientos nuevos, perfeccionando las facultades 
de expresión, purificándolas en las corrientes iluminativas del bien 
y engrandeciendo con la incorporación definitiva de principios 
nobles, para así desenvolver nuestro cuerpo glorioso, en la 
expresión del Apóstol Pablo, estructurándolo en materia sublimada y 
divina.

Nuestras raíces emocionales se sumergen más o menos profundamente, 
en los círculos de la animalidad primitiva. Viene la hoz de la 
muerte y nos ciega los ramos de los deseos terrenos; sin embargo, 
nuestros vínculos guardan extrema vitalidad, en las camadas 
inferiores, y renacemos entre aquellos mismos que se convirtieron en 
nuestros asociados de largas eras, a través de luchas vividas en 
común, y a las cuales nos encadenamos por la comunión de intereses 
de 
la línea evolutiva en la que nos encontramos.

El trabajo, incesante para el bien, la elevación de motivos, en la 
experiencia transitoria, la disciplina de los impulsos personales, 
con el amplio curso a las manifestaciones más nobles del 
sentimiento, el esfuerzo perseverante en el bien infinito 
constituyen las vías de crecimiento mental, con la adquisición de la 
luz para la vida imperecedera. Cada criatura nace en la Corteza de 
la Tierra para enriquecerse a través del servicio a la colectividad. 

Sacrificarse es superarse, conquistando la vida mayor. Por esto 
mismo. Cristo aseveró que el mayor en el Reino Celestial es aquel 
que se convierte en siervo de todos.

La criatura, para adquirir sabiduría y amor, renace innumerables 
veces, en el campo fisiológico, a la manera de la simiente que 
regresa al suelo. Y cuantos se complican deliberadamente, 
apartándose del camino recto, en la dirección de zonas irregulares 
en la que recogen experimentos enfermizos, atrasan, como es natural, 
la propia marcha, perdiendo largo tiempo, deteniéndose en sitios 
inferiores, donde adormecen en extrañas pesadillas. La oveja que 
prosigue firme en la senda justa, contará siempre con los beneficios 
derivados de las directrices del pastor; no obstante, las que se 
desvían, huyendo a la jornada razonable, por el simple gusto de 
entregarse a la aventura, no siempre encontraran sorpresas
agradables o constructivas.

Las mentes extraviadas, de manera general, lucharan con ideas fijas, 
implacables y obsesantes, gastando largo tiempo en reajustarse. 
Rebajadas por las propias acciones, pierden la razón del buen gusto, 
del fortalecimiento constructivo, de la belleza santificante y se 
entregan a lamentable relajamiento.

Las inteligencias pervertidas, incapaces de recibir las ventajas 
celestiales se transforman en instrumentos pasivos de las 
inteligencias rebeldes, que se interesan por la ignorancia de las 
masas, menospreciando la espiritualidad superior que nos gobierna 
los destinos. La adquisición de fe, demanda trabajo individual de 
los más importantes. La confianza en el bien y el entusiasmo de 
vivir que la luz religiosa nos infunde, nos modifican la tonalidad 
vibratoria. Existen personas que después de servir al ideal 
religioso, durante dos años, pretenden el reposo de veinte siglos. 

En todos las casas de fe, los mensajeros del Señor distribuyen 
favores y bendiciones compatibles con las necesidades de cada uno; 
entre tanto, es imprescindible que el corazón se prepare en las 
líneas del mérito, a fin de recogerlos. Entre emisión y recepción, 
prevalece el imperativo de la sintonía. Sin esfuerzo preparatorio es 
imposible ambientar el beneficio. En balde impondríamos de inmediato 
al hombre salvaje la vida en un palacio erguido por la cultura 
moderna. A los acordes de nuestras músicas, el preferiría los ruidos 
de la ventolera, y una cesta de flechas, le parecería más valiosa, 
que uno de nuestros parque industriales más perfectos. Por lo tanto, 
para que alguien se coloque en el camino de las eminencias sociales, 
es imprescindible sea educado, de buena voluntad, aceptando las 
sugestiones de mejoría y de servicio.

En verdad, la misa es un acto religioso tan venerable como cualquier 
otro en el que los corazones procuran identificarse con la 
Protección Divina; no obstante, raros son los que llevan al más allá 
el espíritu inclinado a la asimilación del auxilio celestial. Para 
la formación de semejante clima interior cada creyente, mas allá del 
servicio de purificación de los sentimientos, necesitará también 
combatir la influencia dispersiva y perturbadora que procede de los 
compañeros desencarnados que le buscan enfriar el fervor.  (…)

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