La aproximación de la Ciencia al problema de la Proyección Astral

LA APROXIMACIÓN DE LA CIENCIA Al PROBLEMA DE LA PROYECCIÓN ASTRAL

Texto extraído del libro “Los Fenómenos de la Proyección Astral” de 
Sylvian Muldoon y Hereward Carrintong.

El término”ciencia” es inestable e incierto, ¿Qué queremos decir con 
él precisamente? En la opinión do la mayoría, representa el estudio de 
astronomía, física, química, geología y ciencias físicas en general. 
Hace sólo doscientos o trescientos años que la biología -ciencia de la 
vida– fue reconocida e incluida dentro de él, y entonces únicamente 
desde el punto de vista de la anatomía y la fisiología. Hace una o dos 
generaciones que la psicología fue reconocida a desgano -y entonces 
principalmente porque se la consideraba “psicología fisiológica”- vale 
decir, una rama de la fisiología, en última instancia. En los últimos 
años, la psicología fue, más o menos, reconocida como rama de la 
ciencia, que estudia la mente; pero hasta ahora la psicología 
académica rehusó reconocer la existencia de un “alma” en el hombre, o 
la realidad de los fenómenos psíquicos. Por esta razón, la “ciencia 
psíquica” todavía no fue reconocida -aunque sin duda va ganando 
terreno, y, para muchos de nosotros, será incluida en el “Círculo 
Encantado” en un futuro próximo. ¡Para quienes creemos en la realidad 
de los fenómenos psíquicos, tal reconocimiento nos parece un tanto 
tardío!

Sólo citamos lo antedicho para poner en evidencia que la ciencia 
oficial a menudo es hostil a los nuevos hechos, que no se amoldan a su 
filosofía mecanicista. ¡Con todo, éste no debería ser cl caso! Después 
de todo, la ciencia no consiste tanto en un cuerpo de hechos como en 
un metodo. Los hechos científicos varían constantemente, cl método 
jamás. Este método habría de ser el examen imparcial y lúcido de los 
nuevos fenómenos o nuevos hechos —sin considerar cuán extraños 
parezca, o qué difíciles sean de conciliar con la ciencia corriente. 
Afortunadamente, hay por doquier hombres y mujeres de ciencia que 
asumieron esta posición, ¡y es de este “círculo de los elegidos” que 
surgen los investigadores psíquicos!

Si 1a investigación psíquica logró progreso sustancial, durante las 
pasadas décadas, mucho se debe a los científicos que volcaron su 
atención en esta dirección, y estudiaron los fenómenos por sí y, en la 
medida de lo posible, en sus propios laboratorios. Es cierto, sin 
embargo, que muchas importantes contribuciones corresponden a 
aficionados que asumieron apropiada actitud (científica) hacia estos 
hechos, o aportaron sus propias experiencias. Esperamos haber 
cooperado de alguna forma en ese sentido, mediante nuestros estudios 
en el campo de la proyección astral.

Valientes hombres y mujeres, aún antes de la fundación de la Sociedad 
de Investigación Psíquica, en 1882, estudiaron los fenómenos psíquicos 
y escribieron “in extenso” sobre el particular. Sin embargo, la 
sociedad produjo indudablemente profunda impresión en el mundo 
científico, y sus publicaciones pasaron a ser clásicas. Fueron 
estudiadas casi todas las formas de fenómenos psíquicos; con todo, una 
clase parece haber sido dejada de lado: ¡la proyección astral! F. W. 
H. Myers publicó ciertamente diversos ejemplos de esa índole 
extraídos, en especial, de su documentación, en Proceedings de la 
Sociedad de Investigación Psíquica -casos que denominó de “auto-
proyección”. Más, salvo estas excepciones, como ya dijimos, la 
cuestión fue poco discutida, lo cual, para muchos de nosotros, 
constituye una extraña omisión.

¿Por qué tiene que ser esto así? Tal vez debido a la relativa rareza 
de los casos informados, Ejemplos de esa índole son comparativamente 
difíciles de hallar –aunque la colección del presente libro, más los 
que hasta ahora hemos publicado, demuestran que son más abundantes de 
lo que una persona del común podría sospechar… ¿Es que el sujeto 
resulta tan vitalmente importante? Si las experiencias extracorpóreas 
son reales -si sólo un caso se estableciera científicamente- entonces 
la existencia de la mente separada y aparte del cerebro físico se 
prueba de una vez y para siempre, y la probabilidad de supervivencia 
se torna aparente. ¡De esa manera, la “inmortalidad” quedaría 
demostrada de un solo golpe! Pues sí la mente humana puede vivir y 
funcionar durante un solo minuto fuera del cerebro físico, ¿qué es lo 
que 1e impide vivir y funcionar indefinidamente, cuando el cerebro 
físico ya no existe?

Naturalmente, la ciencia necesita pruebas de un hecho específico antes 
de aceptarlo. En las ciencias físicas, esta “prueba” por lo general se 
obtiene mediante un simple criterio: repetición a voluntad. Si un 
hombre realiza un experimento e informa sobre sus resultados, puede 
estar equivocado; pero si cien hombres repiten su experimento, bajo 
condiciones idénticas, y logran el mismo resultado, entonces su 
descubrimiento es aceptado y bienvenido dentro de los portales de la 
ciencia.

Sin embargo, hay ciertos fenómenos, ahora generalmente aceptados, que 
no entran en esta categoría. Meteoros, mareas, centellas, relámpagos 
peculiares, son aceptados en la actualidad como realidades, aunque no 
pueden repetirse a voluntad. Lo mejor que puede hacerse es observarlos 
con el mayor cuidado posible mientras ocurren y, eventualmente, 
registrarlos con instrumentos adecuados. Hay, por lo tanto, dos modos 
de establecer, en última instancia, un fenómeno no común: mediante 
repetición y mediante observación. Muchos fenómenos psíquicos, 
desgraciadamente, al ser esporádicos e impredecibles se hallan dentro 
de esta última categoría. Deben ser observados cuando se producen. Y 
el caso suele relacionarse con esto cuando la vida y la mente entran 
dentro de nuestra ecuación. Como dijo Henri Bergson hace muchos 
años: “Usted puede predecir un eclipse que tendrá lugar dentro de mil 
años. mas no puede predecir qué sucederá cuando le tire la cola a un 
bull-dog.”

A esto se debe, naturalmente, que muchos fenómenos psíquicos hayan 
logrado aceptación con tanta lentitud. En la medida en que las 
experiencias son más profundas, o puramente mentales, esta dificultad 
se incrementa. Resulta casi imposible probar objetivamente una 
experiencia subjetiva, a pesar de que esa experiencia sea real para 
usted. Por eso precisamente los místicos tuvieran tal dificultad en 
transmitir al mundo científico la realidad de sus experiencias de 
éxtasis. No hay medio de detectarlas abiertamente y, a menos que el 
observador experimente tal fenómeno por sí mismo, por la general se 
mantiene profundamente escéptico acerca de la realidad de esa 
experiencia, por más vívida y real que haya sido para quien la 
percibió… Los yoguis encontraron igual dificultad al tratar de 
probar la realidad del samadhi. William James escribió favorablemente 
sobre tales dificultades en su gran obra: The varieties o f Religions 
Experience.

Ahora bien, se trata de la misma dificultad que afronta el que se 
proyecta astralmente y trata de probar la realidad de sus 
experiencias. Personalmente sabe que se halla fuera del cuerpo, y 
totalmente consciente en el tiempo. ¿Pero cómo probar esto a otra 
persona? En repetidas ocasiones subrayamos el hecho de que, si el 
escéptico tuviera una sola experiencia de esa índole, no dudaría más; 
pero falla ¡al no contar con esa experiencia! Lo que exige es “prueba 
objetiva” -prueba de que las experiencias percibidas no son puramente 
subjetivas ni alucinatorias, similares a vividos sueños. Esta es la 
cuestión crucial y la razón principal de porqué tales experiencias no 
se reconocen generalmente.
En anteriores libros destacamos la extrema dificultad de lograr esta 
evidencia, recurriendo a la reiterada respuesta: “Experiméntelo, y 
entonces sabrá!” Pero, por supuesto, reconocemos el hecho de que esa 
evidencia científica es altamente deseable, e incluso tal vez 
necesaria, si el hecho de la proyección astral ha de ganar cualquier 
suerte de aceptación general. ¿Tales experimentos se eféctuaron? ¿Con 
qué resultados? ¿Se emprendió alguna labor de laboratorio de acuerdo a 
estos lineamientos? En total fueron muy pocos los trabajos, es verdad; 
sin embargo, algo se hizo y parecería este el sitio más adecuado para 
mencionarlo.

En primer término me agradaría citar los experimentos realizados por 
cl extinto doctor R. A. Watters, que siguió las sugerencias dadas por 
Hereward Carrington unos años antes. Estas consistían en tentativas de 
fotografiar los fugaces cuerpos astrales de ciertos animales pequeños –
ratones, polluelos, ranas, etc.- en el momento de morir. Se 
construyeron cámaras especiales, al vacío, y al llenarse de vapores 
hídricos u oleosos, se los fotografió en e1 instante de la 
decapitación del animal. En esta serie de experimentos se obtuvieron 
algunos resultados sorprendentes –en las placas fotográficas se 
percibían masas nubosas cerniéndose sobre el cuerpo del animal. Como 
resultado de ulteriores experimentos, sin embargo, pareció probable 
que éstos pudieran explicarse normalmente, y lo más que puede decirse 
de esta serie de experimentos es que los resultados se hallan todavía 
sub judice. Ocho años de labor fueron consagrados a estos 
experimentos, y se intentaron cientos de ingeniosas pruebas. El lector 
que sienta interés por estas investigaciones puede hallarlas 
resurnidas, a1 detalle, en el libro de Carríngton: The Invisible World.

Pasando ahora a los sujetos humanos, casi todo el trabajo efectuado de 
acuerdo a estos lineamientos fue emprendido por investigadores 
franceses -Héctor y Henry Durville, Charles Lancelin, Albert de 
Rochas, Paul Joire, doctor H. Baraduc v otros. De Rochas experimentó 
en gran medida con lo que denominó “exteriorización de la 
sensibilidad” (o sensitividad), con lo que significó la extensión, más 
allá de la periferia del cuerpo, del sentido del tacto y las 
sensaciones -al igual que, en “la exteriorización de la motividad”, 
las energías motoras se exteriorizan, produciendo telequinesia v otros 
fenómenos.

Todos estos experimentos tuvieron por sujetos a 
personas “magnetizadas”, vale decir, en trance mediante el uso de los 
más antiguos métodos mesméricos. Esta escuela francesa cree que hay 
diferencia entre hipnotismo y mesmerismo, y que el trance hipnótico 
ordinario no la tiene. Creen en la teoría “fluídica” de Mesmer, y que 
las corrientes sensorias y motoras pueden proyectarse más allá de los 
límites del cuerpo. -¡hechos asombrosos, si son ciertos, en especial 
para el fisiólogo! Sin embargo, fenómenos de telequinesia bien 
establecidos -tales como los producidos por Palladino- parecerían 
indicar muy vigorosamente que tales exteriorizaciones motoras, al 
menos, tuvieron lugar realmente. Y si éstas son ciertas, ¿no puede ser 
posible que fenómenos sensorios de carácter extraordinario y hasta 
ahora insospechado, también resulten ciertos? Quienes cumplieron estos 
experimentos sostienen haber establecido la realidad de tales 
fenómenos.

Un método es el siguiente: Mientras el sujeto, en trance, está sentado 
en una silla, el experimentador (luego de sugerir los fenómenos de 
exteriorización requeridos), pincha el aire con un alfiler, a cierta 
distancia del cuerpo del sujeto, y éste, frecuentemente, se queja de 
dolor en su propio cuerpo físico, en el sitio correspondiente al 
pinchazo, unas pulgadas arriba de él. Un pinchazo similar en otro 
sector producirá resultado parecido; etc… Ahora bien, estos 
fenómenos son curiosos, y jamás se desautorizaron; al mismo tiempo, no 
han sido generalmente aceptados, en parte debido a que otros 
investigadores fracasaron en obtener resultados similares, y en parte 
porque no se tuvo demasiado en cuenta la sugestión y coincidencia. Por 
lo tanto, debemos dejar por ahora estos experimentos de lado, aunque 
sean ciertos, pues aparentemente sólo indican exteriorización y 
sensibilidad supernormales, y no proyección del cuerpo astral.

Además de las pruebas instrumentales, se han propuesto otras tres. 
Estas son: 1) la visibilidad del fantasma -es visto por una o más 
personas al mismo tiempo; 2) el fantasma puede tocar a algún individuo 
en su derredor, y este toque puede sentirse; y 3) puede fotografiarse. 
Las dos primeras fueron advertidas en casos de apariciones; también 
fueron vistas colectivamente, y se sintieron los toques del fantasma. 
Mas ha de argüirse que, en tales casos, estos hechos no prueban por si 
la objetividad del fantasma -aunque, por supuesto, la teoría del 
cuerpo astral los probaría adecuadamente y con mayor simplicidad que 
las teorías corrientes, que son confusas y complicadas. En cuanto a 
las fotografías de la figura, esto nos conduce hacia el muy discutible 
tema de la “fotografía de espíritus”, que ahora se menciona.

Estas pruebas, entonces, no puede decirse que prueben la existencia 
del cuerpo astral -aunque algunas de ellas lo señalen con vigor. Sin 
embargo, se idearon otras pruebas (nuevamente por parte de 
experimentadores franceses) tendientes a demostrar la existencia del 
cuerpo astral a través de medios instrumentales. La prueba principal 
es la descripta in. extenso por Héctor Durville, en su libro Le 
Fantôme des Vivants, en el que refiere haber obtenido resultados 
positivos de las siguientes maneras: 1) induciendo al cuerpo astral a 
dar golpes a distancia del sujeto en trance; 2) colocando sus manos 
sobre placas fotográficas –que luego de reveladas presentaban 
extrañas marcas; 3) afectando ciertos instrumentos, tales como 
biómetro, estenómetro, etcétera; y 4) haciendo que pantallas de 
sulfato de calcio resplandezcan con brillo extra al acercarse el 
cuerpo astral. En este libro que se menciona fueron publicadas 
fotografías de algunos de estos efectos, no demasiado convincentes.

Personalmente, por supuesto, nos inclinamos más bien a creer que 
algunos de los resultados del señor Durvillc son válidos -en la medida 
en que sabemos que la proyección del cuerpo astral es un hecho, y en 
parte porque uno de nosotros (S. M.) tuvo éxito al producir golpes al 
tiempo de proyectarse. Sin embargo, también debemos admitir que el 
señor Durville obtuvo, en su mayoría, resultados cuestionables, al 
menos por parte del escéptico, que no cree en la realidad de 1a 
proyección. Lo que necesitamos es una gran cantidad de pruebas 
semejantes, bajo estrictas condiciones científicas, empleando a tales 
fines todos los recursos de la ciencia moderna -lentes especiales, luz 
infrarroja y ultravioleta, delicadas sustancias fluorescentes, 
instrumentos de máxima sensibilidad, etcétera. Creemos que en caso de 
emprenderse dichos experimentos en un labora-torio psíquico 
apropiadamente equipado, se lograrían resultados positivos, y de esa 
manera se probaría la existencia objetiva del cuerpo astral 
proyectado. Esperamos que, algún día, en un futuro cercano, se 
realicen esas pruebas; con todo, hasta ahora debe admitirse que más o 
menos han fracasado en su objetivo de probar, con estos métodos, la 
existencia objetiva del cuerpo astral… Como lo indicamos, los 
experimentos de este tipo han sido pocos y no relacionados; además, 
nunca se efectuaron sistemáticamente. Ciertamente nos inclinamos a 
creer que, cuando así sea, se obtendrán algunos resultados positivos. 
Entonces se probará la naturaleza objetiva del cuerpo astral, 
confirmando así la subjetiva concepción de quienes han experimentado 
este fenómeno, en el sentido de que la proyección astral es un hecho 
cierto.

La ciencia psíquica se halla aún en la infancia. ¿Quién puede decir lo 
que, de aquí a cien o mil años, pueda probarse y aceptarse en 
general?, ¿La proyección astral no será uno de estos fenómenos 
generalmente aceptados? ¡Nuestra opinión es que sí!

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