Evidencias empíricas o «pruebas» de Reencarnación.

EVIDENCIAS EMPÍRICAS O “PRUEBAS” DE LA REENCARNACIÓN
Por José S. Fernández y Luis di Cristóforo Postiglioni de su 
libro “Fundamentos Científicos y Filosóficos de la Supervivencia con 
Reencarnación” Editorial CIMA.

a) Relatos con recuerdos comprobables.
Algunos casos, debidamente documentados, de recuerdos de vida pasada, 
que han podido someterse a serias comprobaciones, sirven como pruebas 
o evidencias empíricas.

1.- El profesor Ducasse, a quien ya hemos mencionado en más de una 
ocasión en este ensayo, cita como ejemplo, el llamado caso 
del «Renacimiento de Katsugoro”, tomado de antiguos documentos 
japoneses y detallado en la obra intitulada «Gleanings ín Buddha», de 
Lafcadio Hearn. Es la historia breve de un joven llamado Katsugoro, 
hijo de un hombre llamado Genzo, de la localidad de Nakanornuna, quien 
declaró que en una vida anterior, unos cuantos años antes, se había 
llamado Tozo. Agregó que había sido hijo de un granjero llamado Kyubei 
y de su esposa Shidzu, en el pueblo de Hodokubo; que su padre había 
muerto y que fue reemplazado en el cuidado de la casa por un hombre 
llamado Hanshiro y que él, Tozo, había muerto de viruela, a la edad de 
seis años, un año después de haber fallecido su padre. Describió su 
habitación, la apariencia de quienes fueron sus familiares y su casa. 
Llevado a su pueblo por personas responsables, indicó enseguida el 
camino de su casa y la reconoció. Fueron confirmados todos los hechos 
que había relatado. Además, él señaló un negocio y un árbol, diciendo 
que no lo había visto antes y ello resultó verdad, pues no estaban 
allí mientras vivió, siendo posteriores al tiempo de su relato. Este 
hecho tiene muchos elementos circunstanciales como para poder 
descartar el bien conocido argumento de la «ilusión de lo ya visto». 
Relatos análogos pueden tener cierto valor probatorio, luego de 
verificar la verdad de su contenido y, aun cuando puedan ser 
consideradas como pruebas no absolutas, no pueden ser impunemente 
descartadas «a priori». En realidad deben ser valorados con las mismas 
normas y recaudos que las evidencias testimoniales usuales en las 
pruebas judiciales. 

2.- Otro conocido caso es el de la señora Laura Raynaud citado por el 
nunca justamente recordado investigador y estudioso Gabriel Delanne, 
en su obra «La Reencarnación». Mme. Raynaud recordaba haber vivido en 
el norte de Italia, cerca de Génova y haberse llamado Juana S. y haber 
muerto joven, de tuberculosis. Trasladada a Génova, localizó enseguida 
su antigua casa, en los alrededores, era la casa de la familia S. muy 
conocida allí. También se pudo conseguir el acta de defunción de Juana 
S. en la Iglesia de Nuestra Señora del Monte, Parroquia de San 
Francisco de Albano (Génova) verificada el 21 de octubre de 1809, de 
enfermedad pulmonar. En el acta se hacía constar que el cuerpo fue 
depositado en la Iglesia. La señora Raynaud murió, luego, en París, el 
14 de diciembre de 1913, a los 45 años de edad. Nacida en 1868, habría 
pasado -así- 59 años en su período errático entre dos vidas terrenas 
sucesivas. (Véase fig. 8).

3.- Un tercer caso es el relatado y publicado por el Dr. Carmelo 
Samona, médico de Palermo, Italia. En marzo de 1910 se le murió a la 
edad de 5 años, una hijita llamada Alejandrina; a los pocos días, la 
madre vio en sueños a su nena muerta, la que le hablaba consolándola y 
le decía que no la llorara, porque HABÍA DE RENACER PRONTO EN SU SENO. 
Durante tres meses siguieron los sueños y hubo raps en muebles, 
puertas, etc. perceptibles para todos, hasta que Alejandrina anunció a 
su madre que, JUNTO CON ELLA, NACERÁ OTRA CRIATURA. También le avisó 
que no podría manifestarse más por sentirse ya muy unida a la materia 
(embrión). A1 poco tiempo, NACIERON DOS MELLIZAS, una de las cuales 
era igualita a la finada Alejandrina y por ello, se le dio el mismo 
nombre. El Dr. Samona publicó los detalles de este caso en la 
revista «Fitosofia de 1a Scienza», Palermo, 1911-1913. De esas 
publicaciones sintetizamos algunos concretos significativos.
I) Alejandrina (la primera) había muerto de meningitis. La nueva 
Alejandrina tiene un temor extraordinario cada vez que siente el menor 
dolor de cabeza.
II) En ocasión en que hablaron, a las mellizas, de llevárselas a 
pasear a Monreale (ciudad cercana a Palermo) la Alejandrina (segunda) 
exclamó: «Pero mamá, yo conozco Monreale! Yo lo he visto antes! Y, al 
hacerle notar la madre que nunca la había llevado consigo hasta allí, 
la pequeña contestó:
¡Pero sí…! ¡ Yo he ido allí! ¿No te acuerdas que hay una gran 
iglesia, con un hombre muy grande sobre el techo, que tiene los brazos 
abiertos? Y agregó enseguida: Te acuerdas que fuimos con una señora 
que tenía cuernos y que encontramos unos pequeños sacerdotes 
colorados?» Entre tanto, Maria Pace (la otra melliza con Alejandrina 
segunda) ignoraba todo esto y no tenía idea acerca de Monreale. 
Después de reflexionar la madre recordó que, en efecto, había ido una 
primera vez a Monreale con la primera Alejandrina, pocos meses antes 
de su muerte, acompañada por una señora que tenía dos excrecencias en 
la frente. Además, habían encontrado en la iglesia a un grupo de 
seminaristas del rito griego, que llevaban vestimentas celestes con 
vivos rojos. En cuanto al hombre grande en el techo, con los brazos 
abiertos, era la imagen de Jesús, que efectivamente así era.
Este hecho constituye una prueba concluyente (aunque no académica) de 
la reencarnación de la pequeña Alejandrina. El Dr. Samona agrega una 
serie de detalles que ratifican el aserto precedente. Entre ellos está 
el hecho de que cuando la segunda Alejandrina oye el ruido de un carro 
o vehículo en la calle, se asusta y se esconde en el seno de la madre, 
diciendo: «¡Alejandrina tiene miedo!» Y este proceder había sido 
característico de la Alejandrina primera, inclusive el hablar en 
tercera persona. La publicación del Dr. Samona incluye las fotografías 
de las tres nenas y por ellas se observa el gran parecido físico de 
las dos Alejandrinas, bien distintas de Maria Pace, la melliza de la 
segunda Alejandrina. El conjunto de este hecho es, sin duda, un 
valioso documento probatorio de la Reencarnación. La figura 9 muestra 
un retrato de la segunda Alejandrina a los 3 años de edad.

b) Evidencias surgidas en curaciones psíquicas.
El conocido psiquiatra brasileño Dr. Ignacio Ferreira realiza 
curaciones de enfermos mentales en su famoso Sanatorio de Uberaba 
(Minas Geraes, Brasil) aplicando métodos directamente derivados de la 
doctrina espiritista, de la que se ha convertido en ardiente paladín, 
en virtud de la convicción fortísima que le han aportado los mismos 
hechos. En sus obras «Novos rumos a Medicina» (Nuevos rumbos en 
Medicina) y «A Psiquiatría em face da Reencarnaçao”M (La Psiquiatría 
frente a la Reencarnación) demuestra cómo, de sus experiencias 
curativas surge la necesidad de admitir la realidad de la 
supervivencia y de aplicar, como explicación lógica y probable, la 
hipótesis o principio de Reencarnación que él considera como «LA 
BRÚJULA QUE HA DE GUIAR A LA PSIQUIATRÍA Y A LA PSICOLOGÍA POR EL MAR 
TORMENTOSO DE LA DUDA, ENCAMINANDO SU BARCO HACIA EL PUERTO SEGURO DE 
LA COMPRENSIÓN». Del análisis de las historias clínicas y relatos 
detallados en los libros del Dr. Ferreira, se deduce lo fundado de su 
posición ideológica, ya que de no aceptarse la realidad de la 
supervivencia y de las vinculaciones espirituales derivadas de las 
vidas sucesivas en la Tierra, carecerían de sentido y de lógica 
interpretación una gran cantidad de hechos cuyos efectos son tangibles 
y comprobables por las repetidas y definitivas curaciones obtenidas. 
Esto se entiende, salvo que se las hiciera entrar en la categoría de 
hechos milagrosos, lo que sería inadmisible, racional y 
teológicamente. Para comprender lo expuesto, citaremos sintéticamente 
dos casos de aplicación de una técnica terapéutica, la técnica de 
Ferreira, digamos. 
En el primer caso, se trata de una enferma internada en Uberaba luego 
de peregrinar por clínicas y sanatorios donde, tras análisis y 
tratamientos diversos, sólo se logró ver agravada su dolencia. Ésta se 
caracterizaba por unos celos morbosos hacia su esposo, aparecidos sin 
fundamento y luego de larga y amable convivencia, de la que nacieron 
hijos y hubo nietos (véase «Novos rumos a Medicina», tomo 2, pág. 77 y 
sigs., el caso clínico titulado «A vingança de uma suicida»). A los 
pocos días de su internación, realizó el Dr. Ferreira una sesión con 
los médiums que le secundan (SIN QUE LA ENFERMA ESTUVIERA PRESENTE NI 
AVISADO NINGUNO DE SUS FAMILIARES) incorporándose, en trance parlante, 
una entidad espiritual obsesora, que manifestó ser el causante de las 
perturbaciones de la enferma; su acción de dominio mental sobre ésta –
análogo a la de un dominio hipnótico- le hacía ver motivos de celos en 
hechos inocentes, convirtiendo la vida conyugal y familiar en un 
verdadero infierno, con riñas y ataques de furor, en los que llegaba a 
rasgarse las ropas. Con adecuado ADOCTRINAMIENTO y reflexiones de 
índole moral, el Dr. Ferreira consiguió arrancarle al obsesor LA 
PROMESA de dejar en paz a la enferma pero, antes, le contó la triste 
historia de su última vida, en la que fue una joven enamorada del 
marido de la enferma y que, al ser abandonada por él, SE HABIA 
SUICIDADO. Manifestó, también, que SU DESEO DE VENGANZA la llevaba a 
enloquecer a la mujer, para hacer infeliz al marido, su ex amante. AL 
DIA SIGUIENTE DE ESA SESION, ignorada por ella, LA ENFERMA AMANECIÓ 
CURADA y pudo retornar a su hogar y hacer, de nuevo, su vida normal de 
antes del ataque. INTERROGADO EL ESPOSO referente a la muchacha cuyo 
espíritu comunicó nombres y datos precisos, recordó esa incidencia 
olvidada de su juventud, CONFIRMANDO LA VERDAD DE LA HISTORIA RELATADA 
EN TODOS SUS PORMENORES.

Constituye, este caso, una buena prueba de supervivencia consciente, 
que aporta luz para explicar ciertos tipos de locuras extra-somáticas. 
Pero debemos destacar la mayor complicación presentada por la casi 
totalidad de los casos relatados en la obra citada, casos que 
contienen referencias concretas a hechos de vidas anteriores, que 
implican
confirmaciones de la hipótesis de la Reencarnación, hechos que se 
basan en el concreto terapéutico de la recuperación, fundamento 
experimental inexcusable que da fuerzas a la postura 
reencarnacionista; estos casos muestran conflictos lógicos, derivados 
de nuevas convivencias terrestres de seres -que en anteriores vidas- 
dejaron ofensas y crímenes pendientes, culpas a saldar y, también, 
lazos afectivos, sea entre sí o con respecto a otros no reencarnados. 
Estos últimos, por deseos de venganza (o de protección) actuarían, sin 
saberlo, como agentes transitorios de una Justicia Divina. En su 
técnica, el Dr. Ferreira hace despertar, en los obsesores, la 
comprensión y el generoso sentimiento del perdón para los antiguos 
ofensores que significa, a la vez, el apaciguamiento espiritual para 
ellos y la curación inmediata para los enfermos, por supresión de las 
influencias perturbadoras de que eran objeto y bombardeo sus mentes.

A la luz de estas explicaciones, se muestran lógicas y racionales las 
curaciones logradas; de otro modo, podrían aparecer como una forma 
de «milagro» religioso o como una obra de azar o casualidad. En el 
caso de Ferreira, las recuperaciones son tantas, que la estadística 
derriba a este argumento infantil de azar en las curaciones. Un 
segundo caso, que es presentado en su obra “Novos rumos a Medicina» 
(Nuevos rumbos para la Medicina) bajo el título de «Amor de madre», 
tomo 2°, pág. 247 y sigs. confirma las reflexiones precedentes. 
Sintetizamos el caso como sigue:
«En la noche del 6 de enero de 1940 llegó al Sanatorio de Uberaba un 
hombre, trayendo a su esposa, en momentos en que se iba a iniciar una 
sesión curativa. Dado el estado de la enferma, tuvieron que intervenir 
varios enfermeros, conduciéndola con dificultad, pues forcejeaba y 
decía palabras incoherentes. Finalmente, fue sentada junto a otros 
enfermos, en la línea de médiums y se dio comienzo al trabajo 
experimental de la sesión; durante ella, se notificó de que esta 
enferma era un caso de obsesión y que debía ser internada. Era una 
mujer joven, morena, que se mostraba completamente abatida e 
insensible -ahora- a cuanto ocurriera a su alrededor. Llamado el 
esposo, manifestó que se habían casado hacía ya dos años Y que ella 
había enfermado hacía 27 días. Estaba, entonces, grávida, y cinco días 
después dio a luz a un niño, al que parecía odiar pese a que, en 
momentos de calma, lo amamantara en los primeros días. Pero 
últimamente, en los 8 días precedentes, empeoró y dejó de alimentar al 
niño, con peligro de muerte, ya que sólo tenía pocos días. En trabajo 
especial realizado a los tres días de internada, se manifestó en un 
médium (en trance parlante o de incorporación) una entidad espiritual 
obsesora, que manifestó haber sido protector material y amante de la 
enferma en la vida anterior. Ella lo había despojado de sus bienes, 
engañado y hecho tomar veneno para eliminarlo. Aplacada la furia 
manifestada por este ser, adoctrinado convenientemente, prometió dejar 
de influenciarla; la enferma tuvo una inmediata mejoría pero PERSISTIA 
EN RESISTIR PARA VOLVER JUNTO AL NIÑO PARA AMAMANTARLO. Cinco días 
después, en un nuevo trabajo curativo, se presentó otro obsesor 
furioso; era el espíritu de una mujer cuyo marido fuera arrastrado por 
la enferma (su espíritu) en vida anterior, despojándolo de su fortuna 
con engaños amorosos, para luego hacerlo matar por uno de sus amantes. 
La mujer tuvo que trabajar rudamente en una «fazenda» para criar a sus 
dos hijos, mientras la otra intrusa disfrutaba la fortuna mal habida 
de su marido asesinado. No había forma de convencerla de que 
perdonase, manteniendo su odio y su enfurecimiento, ofuscada en sus 
deseos de venganza pero, en momentos en que el Dr. Ferreira ya 
desesperaba de tener éxito, tomó trance en otro medium UNA SOMBRA 
AMIGA (así place a Ferreira llamar a los seres) que, dirigiéndose a la 
obsesora, le hizo notar que EL NIÑO ABANDONADO POR SU ACCION SOBRE LA 
ENFERMA HABIA SIDO UNO DE SUS HIJOS EN LA VIDA ANTERIOR, REENCARNADO 
AHORA EN EL SENO DE LA MUJER ODIADA. A los dos días, volvió a 
presentarse la obsesora, desesperada por lo que había hecho, 
perdonando y pidiendo a Dios perdón, al par que clamaba por la cura de 
la enferma, para que el niño dejara de llorar y sufrir, por el 
alimento y por la madre. Pocos días después, la enferma retornaba a su 
hogar completamente curada. El Dr. Ferreira destaca, muy justamente 
por cierto, ante este caso, cómo -una vez más- pudo comprobarse la 
grandeza de la Justicia Divina, INTERPONIENDO ENTRE DOS CRIATURAS 
ENEMIGAS, A UN NIÑO HIJO DE AMBAS, SIMBOLO DE AMOR DE MADRE, 
sentimiento sacrosanto que anida en el psiquismo trascendente, donde 
siempre es protegido por el calor del afecto y del amor espiritual, 
que es el verdadero amor, puro, santo, grandioso y sublime».

Reconocemos que las pruebas de reencarnación que aportan estos relatos 
NO SON SOMETIDAS A ENCUESTAS COMPROBATORIAS; el objeto de los trabajos 
del Dr. Ferreira, de otra parte, es CURAR A LOS ENFERMOS y no el de 
presentar pruebas para quienes niegan los fundamentos de la doctrina 
en que él se apoya para su valiosa labor y para su técnica eficaz y 
por sobre toda ortodoxia académica. Pero, ello es indudable, cada 
enfermo curado constituye una prueba palpable y viviente de la 
realidad de la supervivencia espiritual y de la verdad 
reencarnacionista.

c) Aplicación de la hipnosis.
Algunos investigadores han tratado de hacer aflorar al campo 
consciente de sus sujetos, los recuerdos de vidas anteriores 
considerando a tales experiencias como probatorias de que dichas vidas 
existieron. El Coronel Alberto de Rochas profesor de la Escuela 
Politécnica de París, se ocupó de la profundización de los fenómenos 
dc hipnotismo e inició este tipo de pruebas de reencarnación, 
trabajando con los sujetos dotados entre los años 1892 y 1910. El 
camino fue seguido por otros experimentadores, mereciendo citarse los 
relato publicados en el libro, «Rincarnazione», del profesor 
Trespioli, con e sujeto hipnótico Olga Bertotti (véase, en la obra 
citada, págs. 83 y sig: «Tre volte rincarnata»). Con facilidad y a 
indicación del hipnotizador, esta muchacha italiana saltaba de edad en 
edad, hacia atrás en el tiempo adoptando gestos y modalidades 
vinculados a sus recuerdo subconscientes. Llegada a su primera 
infancia, se le sugirió que pasara al instante de su nacimiento y 
recodara el acto; así lo hizo, mimetizando los esfuerzos y movimientos 
correspondientes. Yendo siempre hacia atrás en el tiempo, pasó a una 
vida anterior en la que dijo llamarse Agata Cavalletti y durante la 
que -por amores contrariados- entró en un convento bajo el nombre de 
sor Tilde, muriendo tuberculosa. Invitada a seguir el retroceso en el 
tiempo, reveló detalles de otra existencia previa en la que se 
dedicara a la equitación y en la cual se llamaba Savana pero de todo 
ello, ninguna comprobación efectiva pudo hacerse, siendo siempre 
presumible una acción combinada de la sugestión del pensamiento del 
hipnotizador y de la aptitud fabuladora subconsciente de Olga.

Un caso análogo acaba de conmover a la opinión pública de los Estados 
Unidos, provocando un debate científico y diversos comentario; Se 
trata de la historia de Bridey Murphy, muchacha irlandesa, nacida en 
Cork a fines del siglo XVIII y aparentemente reencarnada en una mujer 
de Colorado, estado americano llamada Virginia Tighe, la cual sirvió 
de sujeto al hipnotizador Morein Bernstein. Este publicó un libro 
sobre Bridey Murphy, del que se vendieron 175 mil ejemplares en un año 
provocando encontrados comentarios periodísticos de todos los tonos 
imaginables; también hubo un simposio sobre el caso, con intervención 
de los maestros de la materia: Rhine, Ducasse, Gardner Murphy y otros 
parapsicólogos. Bernstein hizo retroceder en el tiempo a la 
hipnotizada: pasado el nacimiento de lo que es su vida actual como 
Virginia, dijo haber sido Bridey Murphy y dio detalles bastante 
precisos sobre los lugares y sobre sus vinculaciones personales en la 
vida que cumplió como Bridey. En la revista «Tomorrow», volumen 4, N° 
4, año 1956, se publican amplios detalles, fotografías y comentarios 
de este caso. Pero resulta que las investigaciones realizadas en 
Inglaterra por el investigador psíquico E. J. Dinwald dieron por 
resultado el comprobar la inexistencia o imposibilidad de los hechos 
afirmados. Por ello es que podemos decir, de acuerdo con el Dr. Rhine, 
que todo se redujo a un cuento en el que no hay nada para tomar en 
serio, si bien resulta claro que el libro ha sido útil para atraer la 
atención de las masas hacia estos problemas fundamentales. Pero 
también constituye un elemento más para demostrar el inconsistente 
valor probatorio de la mayoría de las experiencias de hipnosis en 
materia de Reencarnación.

d) Evidencias empíricas y pruebas racionales.
Pero, en el peor de los casos, y aun cuando no se hallaran 
suficientes «evidencias empíricas» indiscutibles de Reencarnación, 
ello no puede invalidar las razones que se han expuesto para 
fundamentarlas.
La pérdida de los recuerdos de vidas pasadas, es en principio 
necesaria para la serena evolución de la individualidad, a través de 
sus múltiples personalidades. Por eso es, precisamente, que son muy 
raros los casos en que esos recuerdos se evidencian en forma palpable 
y controlable.
Por otra parte, los fundamentos racionales antes enunciados, son 
suficientes como para acreditar y valorar la hipótesis de la 
Reencarnación (con evolución progresiva o Palingenesia) y para 
atribuirle, justificadamente, el carácter de máxima probabilidad ante 
las formas posibles de supervivencia para los seres humanos.

7. Reencarnación y evolución espiritual.
De acuerdo con la hipótesis de la Reencarnación, en cada vida terrenal 
el ser espiritual debe realizar experiencias que aumenten su 
comprensión de la Realidad y mejoren sus aptitudes artísticas, 
sociales y morales. La INDIVIDUALIDAD que sintetiza todas las 
personalidades y representa al ser espiritual, evoluciona y progresa, 
de esta forma, indefinida e ininterrumpidamente. El avance logrado en 
cada vida o etapa depende de la correcta aplicación de los «prudentes 
propósitos» formulados precedentemente, en los intervalos pasados en 
el MUNDO ESPIRITUAL o CAMPO PSIQUICO, período errático. El 
incumplimiento de los mismos, haciendo mal uso del libre albedrío de 
que disponemos, retrasa nuestra evolución. Es así que, ciertas veces, 
habrá que repetir las condiciones vitales anteriores para volver a 
pasar por las mismas pruebas, hasta sufrirlas reaccionando 
convenientemente y superar la etapa.
Dentro de la concepción reencarnacionista no caben posibilidades para 
esos «premios» o «castigos», a veces «eternos», por mérito de nuestros 
buenos actos o nuestros delitos o malos procederes, que suelen 
establecerse en todas las concepciones de los sistemas religiosos.
Por lo contrario, debe considerarse a cada contrariedad o sufrimiento, 
a cada nueva dificultad a vencer o esfuerzo a realizar, como partes de 
un plan de ejercitaciones a cumplir, a efectos de fortalecerse y 
capacitarse para nuevas y más importantes labores. La idea de una 
supervivencia ingresando, sea a una cárcel penitenciaria, a un lugar 
de suplicios eternos o a un sitio de eterna gloria, de estática 
contemplación, debe ser reemplazada -dentro de la hipótesis 
reencarnacionista- por una concepción didáctica, en la que los 
tropiezos, como los aplazos, sólo tienen un fin benéfico y amoroso 
para el que los sufre, propendiendo a su mejor capacitación. 
Plantearle problemas a un alumno bisoño en matemáticas no es 
castigarlo, sino que es obligarlo a esforzarse para aprender; tampoco 
lo es el exigirle cada vez pruebas más complejas y ni aun el obligarlo 
a repetir un curso si es que no lo aprendió en una oportunidad y de 
ahí la necesidad de nuevos chances para superar la prueba.
Análogamente, LAS PRUEBAS A QUE NOS SOMETEN LAS SUCESIVAS EXPERIENCIAS 
VITALES SON, SIMPLEMENTE, CONSECUENCIAS AUTOMATICAS DE NUESTRAS 
CONDUCTAS EN VIDAS ANTERIORES. Esto, de hecho, exige la admisión de la 
real existencia de «leyes» o «disposiciones naturales» que rigen esa 
correlación automática entre «actos anteriores» y «pruebas presentes». 
(LEY DE CAUSAS Y EFECTOS o LEY KARMICA). Y como es inadmisible que el 
azar pueda regir tan evidentes como justas y esenciales correlaciones, 
debe aceptarse la existencia de una Inteligencia que dirige mediante 
normas ineludibles y amorosamente aplicadas, la evolución de todos los 
seres. A nuestro juicio, tal Inteligencia es la del CREADOR de los 
mundos y de los seres, que todo lo anima y alienta dentro de los 
inalcanzables confines del Universo. Pese al propósito de mantenernos 
en un plano científico y filosófico, en este punto de la exposición es 
imprescindible tener en cuenta la existencia de una JUSTICIA PERFECTA, 
no librada a un azar ciego -cosa absolutamente inadmisible a esta 
altura de los conocimientos- sino establecida por un Dios único, 
paternal, omnipresente, incorpóreo (como el Espíritu Santo del 
Cristianismo) y que se nos evidencia al comprender la perfección 
infinita de todo lo creado, ante lo más perfecto que somos capaces de 
crear y la armonía indiscutible con que se desarrolla la evolución de 
los mundos y de los seres dentro de un PLAN que -quiéranlo o no- lo 
cumplen hasta los más ciegos negadores de Su existencia. Y esas 
normas, a las que antes aludíamos, contienen en sí una Justicia 
perfecta, libre de toda clase de arbitrariedades pero dentro de la que 
caben el permanente ejercicio del perdón de las ofensas y de la 
solidaridad más fraternal entre los seres humanos.

Estas ideas crean un esperanzador concepto para nuestra evolución 
espiritual que, al saberla aplicada racional y justicieramente, nos 
hace superar los desalientos que pudieran asaltarnos, durante la 
marcha, ante las aparentes injusticias observadas con nuestros 
criterios «personales» en cada vida terrena. Además, nos hacen 
entrever la posibilidad de reencarnaciones en otros planetas, donde 
humanidades, tal vez integradas por seres físicamente distintos pero 
espiritualmente más evolucionados, nos permitan una vida mejor que la 
actual. Y aun también, podemos esperar que luego de cumplir un largo 
proceso de reencarnaciones, alcancemos un grado de evolución 
espiritual que nos permita LIBERARNOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE, no 
teniendo ya que reencarnar, renacer y actuando solamente en el plano 
mental y psíquico, en funciones de dirección y guía para el bien de 
nuestros semejantes espirituales. Considerada así, a la luz de esta 
FUNDADA HIPOTESIS DE LA REENCARNACION, CON PERMANENTE PROGRESO 
(PALINGENESIA) las posibilidades de nuestra evolución espiritual se 
hacen fuente indiscutible de reconfortantes consuelos ya que, ellas, 
nos brindan -a la vez- la comprensión de una Perfecta Justicia Divina 
y la esperanza de alcanzar, alguna vez, la categoría de seres 
angélicos.

La Reencarnación ilumina, de este modo, el eterno problema del Destino 
del hombre, brindándole las luces de JUSTICIA, de AMOR y de ESPERANZA 
como estímulo reconfortante para sus duras jornadas.

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