A la espera de la Humanidad

Extraído del libro “Alborada Nueva”(*)
Editado por Editora Espírita Allan Kardec de Málaga
1ª Edición en español – 1998
Traducido por Luís Marchante
Autor Espiritual: Cairbair Schutel
Coordinador: Abel Glaser
Revisión y Corrección Isabel Porras González

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Texto de Abel Glaser (Coordinador de las comunicaciones mediúmnicas  
que componen el libro de “Alborada Nueva”)
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Cairbar Schutel, Espíritu en evolución como todos nosotros, vino a 
la Tierra para una tarea edificante, exteriorizando caridad 
cristiana. Dio el ejemplo de un humilde trabajador, no perfecto aún, 
mas lleno de fe en una vida superior perfectamente alcanzable. Su 
trabajo no cesó con la existencia terrena, continuándolo activamente 
en la Espiritualidad donde se encuentra.
Así es y será con todas las criaturas.
Así es y será con todos nosotros.

Todo el cimiento para la construcción de un futuro mejor, 
permitiéndonos saltar los grados de la escala evolutiva, reside en 
la reforma íntima, con agilización simultánea del ejercicio de 
buenos sentimientos y de la prestación de servicio al prójimo. Esa 
es la llave para la liberación espiritual; el esfuerzo continuo del 
cambio interior para fortalecer mejor los lazos de unión entre los 
seres: unión de los encarnados entre sí favoreciendo los trabajos de 
equipo; y entre los trabajadores encarnados y desencarnados, para un 
desenvolvimiento más amplio de las tareas de amor en beneficio de 
todos.

Si Dios nos creó en el estado de simplicidad e ignorancia, 
estableció leyes que rigen nuestro continuo progreso, tanto 
intelectual como moral. Instituyó que la perfección es un estado de 
Espíritu a ser conquistado por el esfuerzo de cada uno, a lo largo 
de la eternidad.

Es la hora del trabajo en conjunto, con armonía, sin celos o 
envidia, rabia u odio, competición o rivalidad, pudor o cualquier 
otro sentimiento extraño a los valores de la ética cristiana. Las 
contiendas materiales, los cismas, son futilidades ocasionadas por 
nuestra invigilancia. Unidos, seremos fuertes. Aislados, solamente 
fortaleceremos nuestras propias flaquezas. Es por la unión de 
esfuerzos que conseguiremos alcanzar el cumplimiento de los deberes 
que nos competen para el bienestar general.

Caminamos para el tercer milenio y nuestras vidas sufren, al lado de 
nuestro libre albedrío, no siempre bien orientado, las dificultades 
manipuladas por los adversarios de la causa del Cristo.

Si es verdad que nunca estamos solos, no estamos rodeados solamente 
por buenos Espíritus. Actúa sobre nosotros, también, la influencia 
de los Espíritus inferiores que circundan la Tierra, buscando 
envolverse continuamente con nosotros. De ahí el cuidado que debemos 
de tener con nuestras maneras, las cuales pueden ser atractivo de 
entidades que desean nuestra caída. Cultivemos la buena sintonía. 

Los mensajeros del bien, entre ellos Cairbar Schutel y su equipo 
espiritual, caminan con los encarnados de buena voluntad y que 
perseveran en la tarea. Esos emisarios nos aman, transmitiéndonos 
continuo ánimo y coraje.

Nos encontramos en una fase de transición. La Tierra dejará de ser 
mundo de expiación y pruebas para volverse un orbe de regeneración, 
representando al mismo tiempo el inicio del fin y el comienzo del 
nuevo.

Vivimos un período de grandes transformaciones cuyo ápice culminará 
en el destierro, para mundos inferiores, de los Espíritus rebeldes 
que se niegan sistemáticamente al esfuerzo de luchar por su mejoría 
moral, dando lugar a la venida de seres empeñados en trabajar por la 
paz, cuya alborada surgirá en la antevíspera del inicio del próximo 
milenio y cuya concreción se hará en el curso de los siglos que le 
seguirán.

No hay, pues, tiempo que perder.
La vida no representa solamente la materialidad de una existencia. 
Ella es mucho más que eso y, de esa forma, tenemos mucha 
responsabilidad en la conducción de nuestros pasos, pues, como 
vimos, nada de lo que hacemos cuando estamos encarnados dejará de 
ser considerado en la evaluación espiritual. Dios es amor y 
misericordia infinita pero también soberanamente justo al juzgar 
nuestros créditos y débitos.

El empeño que el Plano Mayor dedica a las actividades del bien 
existentes en la superficie terrestre, es inmenso. El momento, como 
nos enseña Cairbar, es de una verdadera cruzada de amor, como forma 
de entrelazarnos fraternalmente con mutuo incentivo, sumando fuerzas 
para la construcción de un futuro mejor para todos.

Trabajo, unión, amor, esperanza y fe, ese es el mensaje que Cairbar 
procura enviar a todos nosotros, por intermedio de esta obra.
El ejemplo de la práctica del verdadero amor está contenido en la 
vida y en las enseñanzas del Cristo. Representan para nosotros el 
símbolo de la perfección que nos corresponde alcanzar. Sigamos, 
pues, sus huellas, con paciencia y abnegación, humildad e 
indulgencia, en el ejercicio constante de la fraternidad.

Perseveremos en los ideales altruistas. El momento ha llegado donde 
los benefactores espirituales necesitan contar con la dedicación de 
todos cuantos ya comprenden el verdadero sentido de la vida.

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